Por Barbapapa
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En la música popular, de manera mucho más notoria que en otras expresiones artísticas, se da un hecho que nos pone a pensar en el espíritu mismo de los artistas. Se trata del cambio, una palabra tan manida por cierto personaje político hace tres años y que a los artistas en general, y los músicos en particular, les genera una especie de urticaria. Esto, según mi opinión, debido a un concepto maltentendido: el de la consecuencia. Ser consecuente se entiende como un valor, es verdad, pero no se conoce el significado del término. Dice el diccionario respecto a la palabra “consecuencia”: Correspondencia lógica entre la conducta de uno y los principios que profesa. Principios...no buscaré la definición de este concepto que puede ampliar la incertidumbre hasta el infinito. En lo que sí estaremos de acuerdo es que se trata de pensamientos, los más importantes, aquellos sobre los cuales yace toda nuestra existencia y praxis mundana. De que los utilizamos durante nuestro desenvolvimiento en la sociedad y para la resolución de los problemas que nos plantea, no me cabe duda. Si los ponemos en juego en nuestras decisiones, me parece mucho más relativo. No quiero “maquiavelizar” mi postura, planteando que nuestros objetivos son mucho más importante que nuestros actos. Simplemente pretendo manifestar que el cambio, la transformación, son partes de nuestra propia naturaleza de seres humanos y cualquier “pontificación” a este respecto, me parece inadecuada e innecearia. Somos hombres potencialmente racionales. Nuestras ideas nos representan, en cuanto son la muestra palpable de nuestra “visión de mundo”, pero no nos “esclavizan” a un determinado e inmutable pensar. Tenemos que comprender que no estamos solos en el mundo. Nos acompaña, a donde vamos, nuestra circunstancia (cómo dejar de lado a Ortega en esto) y en base a ella, y a nuestros principios, es que tomamos nuestras decisiones. Cambiamos, aunque no lo queramos. Y más aún quienes se definen como "artistas", palabra que en sí misma encierra la posibilidad de mutar, de reinventarse. ¿Podemos condenar a Metallica por dejar de hacer lo que hicieron durante tantos años? ¿O a Maiden, por seguir haciendo lo mismo. Mmmm. Corresponde a los artistas comprobar, a través
de sus propios ojos posados en el espejo, cuánto en verdad han
cambiado. Y, lo más importante, responderse una pregunta crucial:
JULIO 2003 |
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