Como la mayoría de los ritmos latinoamericanos que
hemos visto en esta sección, el vallenato surge de
una fusión triétnica (parte europea, parte
africana, parte indígena), que tuvo su epicentro
en el territorio de Colombia.
Y si tres son las etnias que confluyen, cuatro son los
ritmos de los que el vallenato toma elementos para iniciar
su propio desarrollo y evolución: el merengue (de
República Dominicana), el Son (de Cuba), el Paseo
y la Puya.
Es en la región del Valle de Upar donde la gente
tocaba música con flautas hechas de bambú
y con tambores casi africanos fabricados con cuero de chivo.
Pero hubo un instrumento venido desde el exterior que transformó
la forma de entender el folclor vallenato. Se trató
del acordeón alemán Hohner (inventado en 1829),
que llegó 100 años después de su naciemiento
a Colombia y a la zona de Upar.
El acordeón ingresó de tal manera a la cultura
local que incluso cambió su nombre por el de acordéon
vallenato, y fue vital para matizar entre las distintas
velocidades del ritmo.
Tradicionalmente, el vallenato se interpretó en
base a un grupo que contara con acordeón, una caja
vallenata y una guacharaca, más otros que se fueron
sumando junto con su evolución: bajo, guitarra, timbales,
congas y, por supuesto, un cantante.
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Ya en nuestra época, hemos
conocido el vallenato a través de cantantes "comerciales"
que han sido multiventas. Caso emblemático es el del
cafetero Carlos Vives (quien estuviera alguna vez en el Festival
De Viña del Mar), quien ha incorporado -para horror
de los puristas- al vallenato teclados, batería y bronces.
El vallenato es una música de origen popular y humilde,
y muchos hablaron durante mucho tiempo de su "perniciosidad".
Por eso tardó unos cincuenta años en "ascender"
en la escala de los bailes de salón.
Su época de oro coincidió, en los años
'20 y '30, con el auge de la banana en el departamento de
Magdalena, región septentrional a Santa Marta (pueblo
de origen de Vives).
Fue en los '50 que algunos de los más conspicuos exponentes
del vallenato se trasladaron desde la provincia hasta Bogotá,
ciudad en la que la gente de su estrato percibió de
muy buena forma el vallenato como música de fiesta.
Leandro Díaz, Tobías Pumarejo, Emiliano Zuleta,
Gustavo Gutiérrez, son los nombres que identifican
a la escuela más pura del vallenato. Esa que influenció
a los músicos jóvenes como Vives, y que ha sido
desde el siglo pasado, la alegría de un pueblo acostumbrado
a sufrir.
Por Rodrigo Toledo
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