Alguna vez hablaba de identidad musical junto con algunos
amigos músicos. Uno de ellos planteaba: "yo
no me siento cerca de la cueca, por ejemplo...no podría
usarla como un elemento dentro de mi música (pop)
porque creo que es pobre. Los argentinos sí que tienen
una música increíble, el tango, que sí
representa un montón de posibilidades creativas".
Una más que discutible posición, si partimos
pensando en el rescate que hicieran Los Tres, en su momento,
del llamado "baile nacional".
Hay que reconocer eso sí, que el tango es, musicalmente,
más sofisticado que nuestra criolla cueca. Y que
la gran diferencia entre las "popularidades" de
ambas radica en la consciencia e identificación que
siente cada país respecto a "su" música.
Las comparaciones siempre son odiosas, pero allende Los
Andes el tango es una religión asumida incluso por
los rockeros, que utilizan sus elementos estilísticos
e instrumentos (bandoneón, sobretodo) para sus propias
creaciones. En Chile, el desarrollo de la cueca se da solamente
a través de hechos aislados. ¿Las razones?
Uff...pueden ser muchas, y dan para un debate que escapa
de esta sección.
El tema que nos reúne en esta ocasión es
el tango, ese apasionante ritmo que Argentina reivindica
como suyo, pero que musicalmente se asemeja tanto a la "habanera"
de Cuba, y que tiene elementos africanos, inclusive.
Originario del Buenos Aires del siglo XIX, esa urbe llena
de inmigrantes, burdeles, y bares de mala muerte, el tango
fue rápidamente llenando el gusto de Argentina, que
lo asumió como un símbolo de su identidad.
Dicen que el primer compositor de tango se llamó
Juan Pérez (sí, no es ningún chiste),
resposable del tema "Dame la lata", allá
por el año 1880. De todas maneras, este es un dato
algo frágil, puesto que en varios lugares a la vez
se vio nacer a la nueva música.
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Si hay algo que ha caracterizado
al tango desde sus inicios es la división entre los
llamados "puristas", defensores a ultranza del tango
original; y los "innovadores", que dieron una vuelta
de tuerca al ritmo y le permitieron evolucionar a lo largo
de los años.
Pascual Cotursi, por ejemplo, es considerado el letrista
más importante de la historia del tango. Fue él
quien, alrededor de 1920, le dio el toque melancólico
y dolido de quien sufre por amor. Atrás quedaba la
época del "rufianismo" de las letras obscenas,
sobre putas y peleas a cuchillo.
La interpretación del tango fue, primero, exclusividad
de los tríos: flauta, violín y guitarra. La
llegada del siglo XX sumó al bandoneón, aunque
en realidad no había una formación ni instrumentos
definidos para el tango, puesto que todo dependía de
las circusntancias.
Los personajes que marcaron la historia del tango durante
el siglo pasado, sin desmerecer a otros, fueron Carlos Gardel
y Astor Piazzolla. El primero, por su estilo en cuanto a interpretación,
que lo convirtió en el rostro visible del tango, y
cuya importancia ha llevado a tres países a disputarse
su nacionalidad: Francia, Argentina y Uruguay.
Piazzolla, por su parte se insertó en el tango en
1938, cuando éste despertaba de un letargo iniciado
alrededor de 1930. La relación de Piazzolla con ese
medio fue complicada, mezcla de amor y desprecio, de admiración
y resquemor, debido a su espíritu innovador y progresista.
El tiempo se ha encargado de reivindicar su nombre, su aporte
musical, por cierto.
Nombres en el tango podríamos nombrar cientos, lo
que demuestra la riquísima historia musical de este
ritmo, una enorme demostración de creatividad ahí
mismo, al otro lado de la Cordillera
Por Rodrigo Toledo
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