¿Qué tienen en común Bob Dylan, Leonard
Cohen o Jim Morrison? Mmm, podrían pensar ustedes,
¿Lo influyente de su música? Sí, claro,
pero además una evidente dicotomía entre sus
inclinaciones musicales y las netamente literarias.
Por una cuestión de coincidencias en el proceso creativo,
la música y la literatura simpre han estado ligadas
estrechamente. Para muchos, las canciones son poesía,
o a lo menos relatos en prosa, y sus compositores virtuales
literatos. Sin embargo, durante la primera época
(la del nacimiento del rock and roll), esta relación
fue prácticamente nula. Esto, debido a que la mayoría
de los escritores de la generación "beat"
-quienes imponían su estilo por esos años-,
como Ginsberg o Kerouac., estaban más cerca de lo
que era el ambiente del jazz.
Fue la segunda generación de rockeros la que recibió
y asimiló la influencia de los llamados "escritores
malditos". Ginsberg, por ejemplo, fue quien motivó
al incipiente songwriter llamado Bob Dylan a dar rienda
suelta a sus inclinaciones por las figuras literarias, por
una propuesta de
letras "más jugada" dentro de lo convencional.
Ginsberg en persona apareció durante su vida en variadas
grabaciones, entre las que se incluye una de The Clash.
Pero fue el autor de "El almuerzo desnudo", William
Burrroughs, quien estuvo permanentemente trabajando en el
ambiente musical hasta la hora de su muerte (1997), un poco
después de haber participado en la grabación
del video de U2, "Last night on Earth". Este iconoclasta
editó en 1965 un disco de lecturas extraídas
de sus libros, el cual se llamó "Call me Burroughs".
Fue un fenómeno subterráneo que pronto derivó
en material de culto. Soft Machine, Blondie, Tom Waits y
hasta Ministry contaron con él para algunas apariciones
en sus placas.
Si hubo -y sigue habiendo- "intromisiones" de
escritores en la música, también se han producido
hacia el otro sentido. Rockeros legendarios como John Lennon,
Bob Dylan, Patti Smith y Jim Morrison volcaron, en cierto
momento, sus intereses hacia la escritura, superando los
marcos -rígidos a veces- de sus canciones. "Jimbo",
por ejemplo, fue sepultado en París, como todos sabemos,
y en la zona del cementerio dedicada
a los poetas, junto a Balzac, Moliere y Wilde.
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El oriundo de Florida había publicado
su primera colección de poemas, "The Lord and
the creatures" (1971) y "Ultimate Collected Spoken
Word",compilación publicada en 1997, reúne
lo que son las grabaciones de sus propias lecturas.
Uno que ha sabido complementar carreras igual de exitosas
en las letras y en la música es el canadiense Leonard
Cohen, quien fue originalmente un escritor. Debutó
en 1956 con el libro de poesía "Let Us Compare
Mythologies", tras el cual vienieron las novelas "The
Favorite Game" (1963) y "Beautiful Losers"
(1966). En 1968, y luego de firmar para Columbia, el autor
edita su disco debut, "The Songs of Leonard Cohen",
una apuesta incierta para quien deconocía ese mundo.
Pero el hombre salió airoso de su incursión
y hasta el día de hoy mantiene intacta su reputación
en ambos campos.
Pero, sin ir más lejos,
en Chile tenemos varios casos de artistas que han cruzado
el límite entre literatura y música. El más
emblemático es el del poeta-rockero Mauricio Redolés,
quien paralelamente a sus publicaciones, ha editado discos
en los que despliega su imaginario urbano como una prolongación
a las páginas. Ahí están "Quién
Mató a Gaete" o "Bailables de Cueto Road".
Aún más conocido es el trabajo de los Parra:
Violeta, Roberto, Nicanor, Isabel y Eduardo, quienes trabajaron
tan bien la poesía, como la adaptación de sus
propios escritos a la guitarra. Ahí está "La
negra Ester", la obra chilena más popular de la
historia, escrita en décimas por Roberto Parra y llevada
a las tablas por el desaparecido Andrés Pérez.
Y así podríamos seguir nombrando. A pesar de
que muchos puristas nieguen el valor de las letras en la música
popular, lo cierto es que el contenido de las canciones ha
llegado a ser más popular que la literatura para varias
generaciones. Ahora, ¿puede ser considerado el rock
al nivel de la literatura?. Lo cierto es que en muchas oportunidades
el rock ha llevado a la música a niveles estéticos
sublimes. Para los escépticos un mensaje: nunca está
de más recordar que los prejuicios no hacen más
que estrechar nuestro punto de vista.
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