"Psychocandy", disco de Jesus and Mary Chain
editado en 1985, convirtió a este grupo liderado
por los hermanos Jim y William Reid en uno de los más
influyentes de los últimos 20 años. Más
aún, ese disco pasó a la historia como uno
de los 100 álbumes indispensables de todos los tiempos.
No era para menos, si lo que habían conseguido era
remecer hasta lo más profundo la manera de entender
el rock and roll. A pesar de que la experimentación
con el ruido se había iniciado con las "locuras"
de la Velvet Underground a finales de los años sesenta,
fueron los Jesus quienes agregaron la dosis de modernidad,
delirio, elegancia justa para dar el "batatazo"
y sorprender a todos en el Reino Unido.
Eran los plásticos y consumistas años '80
y en Chile poco sabíamos de lo que ocurría
en cuanto a música en el mundo, más alla de
los Michael Jackson, Madonna o Cindy Lauper.
Sin embargo, en la islas británicas, la semilla de
los Chain iba a generar un movimiento de proporciones insospechadas
en aquel instante. Un movimiento que derivaría en
explosión musical.
La consigna era el ruido. Pero no el ruido por el ruido.
Sino ruido al servicio de melodías y armonías
etéreas y letras profundamente abstractas. ¿Suena
raro? Pues en ese momento sí lo era. En realidad
para algunos todavía lo es.Y cómo no iban
a serlo canciones en las que predominaba el llamado feedback
o los acoples, o una "muralla de guitarras" junto
a la que apenas de distinguía una voz.
Eran los shoegazer (palabra que significa algo así
como "quienes se miran los zapatos", pues eso
hacían al tocar en un escenario), raza de músicos
viscerales y provocadores, cuya cabeza más visible
fue la de los extraordinarios My Bloody Valentine, liderados
por el señor Kevin Shields
|
El imprescindible disco de los
Valentine llamado "Isn't anything" (1988) pavimentó
el camino para un cúmulo de otros grupos como los también
influyentes Catherine Wheel, Boo Radleys, Ride o Lush, y algunos
de menor repercusión como Moose, Swervedriver, Curve
o Slowdive.
Los anglo-irlandeses My bloody valentine alcanzaron el peak
de su creatividad con "Loveless" (1991), prácticamente
la Biblia del estilo. Un disco editado el mismo año
que el "Nevermind", de Nirvana, el cual se robó
los aplausos y los oídos, en desmedro de esta verdadera
joya de la historia del rock. Lamentablemente, junto con "Loveless"
la banda entró en un receso que dura hasta hoy. Shields,
desde entonces, participó como invitado en diversos
grupos, como Primal Scream, por ejemplo.
Por suerte, el tiempo ha reivindicado al shoegaze como uno
de los movimientos más importantes de fin de siglo
(XX). Bueno, y su legado puede apreciarse en la música
que se hace hoy.
Gente como Billy Corgan, por ejemplo, ha reconocido abiertamente
ser un admirador del shoegaze.
Otros, como Cerati, cambiaron radicalmente el sonido en base
a lo que escuchaban desde Inglaterra (pongan oído en
"Dynamo" (1993), de Soda Stereo).
El año pasado una banda norteamericana, Black Rebel
Motorcycle Club, golpeó con su disco (comentado en
estas páginas) de sonido noise absolutamente deudor
del movimiento shoegaze. Algo también reconocido por
ellos. Y con orgullo. Es que de todas maneras se trataba de
un discazo con identidad propia. Conservaba, eso sí,
el gustillo aquel por las distorsiones sin control y las murallas
de sonido. Como gustaban a Shields.
Por Rodrigo Toledo
|