Dicen por ahí que el nombre "salsa" no
es más que el disfraz que tuvo el son cubano para
volverse un producto más "comercial". La
palabra nace a principios de los años setenta, y
bajo su etiqueta penetran los ritmos afrocaribeños
a Estados Unidos y Puerto Rico.
Es por eso que el término "salsa" representa
la discordia. Una disputa de años entre los latinos
de New York y los cubanos de la isla respecto a la propiedad
de ritmos en los que ambos hicieron aportes paralelamente.
Tras la Revolución Cubana y el refugio de los isleños
opositores a Castro en EE.UU. se produce esta división
entre la producción musical de ambas regiones. Así,
se entiende "salsa" como la música de origen
cubano hecha en Estados Unidos.
Cuenta el mito que "salsa" fue una palabra popularizada
por una estación de radio venezolana, y luego adoptada
por Fania Records, compañía creada en Nueva
York, en 1964, por un dominicano llamado Johnny Pacheco.
Este hombre, quien empezó repartiendo discos "por
mano", tenía la obsesión de popularizar
la música latina en el país de los waffles
y las hamburguesas.
El éxito de Fania Records llevó a llamar
"salsa" a la música de músicos como
Ray Barreto, Bobby Valentin, Willie Colon, Ismael Miranda,
Tito Puente o Ismael Rivera, además de la conocidísima,
a esas alturas, Celia Cruz.
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La salsa abarca, entonces, un
vasto campo de géneros musicales, combinaciones e influencias,
entre las que distinguimos el son montuno, de Cuba, la bomba
y la plena de Puerto Rico, el merengue dominicano, la música
ritual cubano de la Yoruba, y hasta el jazz y el R&B afro-americano.
El ritmo y la instrumentación de la salsa forman patrones
rítmicos que se conocen como clave. Hoy en día
dichos patrones rítmicos "salseros" son estrictamente
mantenidos por músicos y productores que se especializan
en este tipo de música.
Hoy la salsa vive uno de sus momentos más tristes,
debido al fallecimiento de su más notable representante,
Celia Cruz. A principios de la década del '50 tomó
el lugar de Myrta Silva en La Sonora Matancera con la que
escribió las páginas más gloriosas de
su historia. El 15 de julio de 1960 deja su tierra natal y
se muda a los Estados Unidos, bajo el pretexto de una gira.
Castro jamás le perdonó esa jugada.
Más allá de su posición política,
la muerte de Celia deja un vacío enorme para la música
cubana, de la que ella fue una estupenda embajadora. Tal como
Compay Segundo, fallecido una semana antes, trágica
coincidencia. Cuba está de duelo. La música
está de duelo.
Por Rodrigo Toledo
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