Órale, güey!

ENCHILADAS
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"Javier Bátiz and the Famous Finks", 1963
"Javier Bátiz", 1968
"Di si te acuerdas de mí", Javier Bátiz, 1971
"Chavo de onda", El Tri, 1975
"Es lo mejor", El Tri, 1976
"Botellita de Jerez", 1984
"Naco es chido", Botellita de Jerez, 1986
"Niña de mis ojos", Botellita de Jerez, 1989
"Pa servir a ud", La Lupita, 1992
"Qué bonito es casi todo", La Lupita, 1994
"Tres-D", La Lupita, 1996
"Bueninvento", Julieta Venegas, 2000
"Donde jugarán las niñas", Molotov, 1997
"Re", Café Tacuba, 1994
"Revés/Yo soy", Café Tacuba, 1999

 

 



 
     
La permanencia de La Ley (desde hace varios años ya) y la reciente radicación de Illapu, nos lleva a pensar acerca de las cualidades del mercado mexicano. ¿Y la música del país del norte? En cuanto a rock, por lo menos, tienen mucho que decir.

 
     

Todavía recuerdo una vez, viendo MTV (cuando daban buenos videos, aunque ustedes no lo crean), haber visto el recital Unplugged del grupo mexicano El Tri. Ante el aspecto "jurásico" de los músicos, pensé, esta debe ser una banda legendaria para los aztecas. Y vaya sí lo era.

Alex Lora, personaje líder de El Tri, comenzó en la música allá por 1964, pero logró editar el primer disco con su banda más célebre recién en 1976. Debieron pasar variadas dificultades y un mítico festival, antes de que el rock adquiriese el rol preponderante que tuvo en una época.

Pero, yendo más atrás, fue Javier Isaac Medina Nuñez (más conocido como Javier Bátiz) quien ayudó a gestar el primer movimiento musical de identidad propia. Por eso mismo muchos lo llaman "el padre del rock mexicano".

Este músico creó, en 1957, en su ciudad, Tijuana, un grupo llamado TJ's, de sonido inspirado en el R&B y el blues a secas, que llegaba a sus oídos por la cercanía con Estados Unidos (Chuck Berry, B.B.King, y otros "mosntruos")

Para el año 1968 Bátiz era un ídolo y sus shows en el Terraza Casino, historias legendarias. Incluso se menciona que una vez, en el público, apareció nada más ni nada menso que Jim Morrison, de The Doors.

Bátiz inspiró a toda una generación de músicos, como al mismo Alex Lora, que formó por esta época su primera banda, Three Souls in my Mind.

El encuentro que dividió la historia del rock azteca en dos (algo así como el Woodstock yankee o el sobrevalorado Piedra Roja criollo) fue el Festival de Rock y Ruedas en Avándaro, en Valle de Bravo. Un espectáculo que originalmente era una carrera de motos, y que terminó en escándalo por las "obscenidades" proferidas por algunos músicos, que escandalizaron a la sociedad (en todas partes se cuecen habas).

A raíz de esto, la juventud y el rock en general fueron estigmatizados, y debieron refugiarse en el underground, en un fenómeno que en México es conocido como los "Hoyos Funkies", suerte de encuentros musicales a media tarde que tan bien podían terminar en un delirio como una gresca generalizada.

Los ochenta sirvieron para que el rock saliera de su oscurantismo. Primero, a través de dos figuras vitales: Jaime López y Cecilia Tussaint. Luego a través del germen de bandas que llegarían a ser muy populares: Sombrero Verde y Las insólitas imágenes de Aurora.

Raros estos últimos dos nombres, pero ya no lo son tanto si mencionamos que se transformaron en Maná y Caifanes, dos de las bandas más populares de los últimos veinte años. La primera, con disco recién editado el año pasado, y con gran éxito, "Revolución de amor"; la segunda, ya disuelta, pero mucho más influyente y reconocida por el medio que Maná.

En 1983 surge una banda que iba a revolucionar el concepto de "rock mexicano", incorporando componentes verdaderamente identitarios a su músico. Se trataba de Botellita de Jerez (frase que en Chile sería algo así como "y Boston?"), y su "charrocanrol", arraigado en la idiosincrasia y la vida cotidiana de la población azteca.

Desde 1988, las propias disqueras mexicanas descubren que hay un nicho sin explotar y vuelcan sus intereses por las bandas de su país. Así es como Botellita, Caifanes, Maldita Vecindad y otros puedieron grabar sus discos. La explosión tuvo su segundo aire en 1992, con la instalación de Culebra, filial de la multinacional BMG, como editora exclusiva de la "nueva música" (algo parecido ocurrió en Chile, lo veremos en otra oportunidad) y grupos como La Lupita, Santa Sabina y Romántico Desliz.

A fines de los noventa las guitarras dieron paso a otras formas musicales, como el hip hop, a manos de Control Machete; o a la extraña fusión hardcore, hip-hop, funk, de Molotov, cuya mayor característica o "gracia" es la capacidad de enfrentarse -con sus letras y postura- a la conservadora sociedad mexicana (se han reído del PRI, de Televisa, de Maná).

Hoy Molotov sigue siendo la punta de lanza de la música popular mexicana. Maná también, pero en otro plano. Mediáticamente, eso sí, son ambos grupos la cara más visible de lo que sucede en México. Sin olvidar, por cierto, a Café Tacuba, grupo de una trayectoria notable y reconocidos como un referente musical para los mexicanos.

Pero, ojo, que también están las Julietas Venegas, las Elys Guerra, que unos escalones más abajo en cuanto a difusión, hacen un trabajo que es reconocido por prensa y fanáticos. Y demuestras que México no es como lo pintan. Hay que ir a descubrirlo.

 


Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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