Todavía recuerdo una vez, viendo MTV (cuando daban
buenos videos, aunque ustedes no lo crean), haber visto
el recital Unplugged del grupo mexicano El Tri. Ante el
aspecto "jurásico" de los músicos,
pensé, esta debe ser una banda legendaria para los
aztecas. Y vaya sí lo era.
Alex Lora, personaje líder de El Tri, comenzó
en la música allá por 1964, pero logró
editar el primer disco con su banda más célebre
recién en 1976. Debieron pasar variadas dificultades
y un mítico festival, antes de que el rock adquiriese
el rol preponderante que tuvo en una época.
Pero, yendo más atrás, fue Javier Isaac Medina
Nuñez (más conocido como Javier Bátiz)
quien ayudó a gestar el primer movimiento musical
de identidad propia. Por eso mismo muchos lo llaman "el
padre del rock mexicano".
Este músico creó, en 1957, en su ciudad,
Tijuana, un grupo llamado TJ's, de sonido inspirado en el
R&B y el blues a secas, que llegaba a sus oídos
por la cercanía con Estados Unidos (Chuck Berry,
B.B.King, y otros "mosntruos")
Para el año 1968 Bátiz era un ídolo
y sus shows en el Terraza Casino, historias legendarias.
Incluso se menciona que una vez, en el público, apareció
nada más ni nada menso que Jim Morrison, de The Doors.
Bátiz inspiró a toda una generación
de músicos, como al mismo Alex Lora, que formó
por esta época su primera banda, Three Souls in my
Mind.
El encuentro que dividió la historia del rock azteca
en dos (algo así como el Woodstock yankee o el sobrevalorado
Piedra Roja criollo) fue el Festival de Rock y Ruedas en
Avándaro, en Valle de Bravo. Un espectáculo
que originalmente era una carrera de motos, y que terminó
en escándalo por las "obscenidades" proferidas
por algunos músicos, que escandalizaron a la sociedad
(en todas partes se cuecen habas).
A raíz de esto, la juventud y el rock en general
fueron estigmatizados, y debieron refugiarse en el underground,
en un fenómeno que en México es conocido como
los "Hoyos Funkies", suerte de encuentros musicales
a media tarde que tan bien podían terminar en un
delirio como una gresca generalizada.
Los ochenta sirvieron para que el rock saliera de su oscurantismo.
Primero, a través de dos figuras vitales: Jaime López
y Cecilia Tussaint. Luego a través del germen de
bandas que llegarían a ser muy populares: Sombrero
Verde y Las insólitas imágenes de Aurora.
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Raros
estos últimos dos nombres, pero ya no lo son tanto
si mencionamos que se transformaron en Maná y Caifanes,
dos de las bandas más populares de los últimos
veinte años. La primera, con disco recién editado
el año pasado, y con gran éxito, "Revolución
de amor"; la segunda, ya disuelta, pero mucho más
influyente y reconocida por el medio que Maná.
En 1983 surge una banda que iba a revolucionar el concepto
de "rock mexicano", incorporando componentes verdaderamente
identitarios a su músico. Se trataba de Botellita de
Jerez (frase que en Chile sería algo así como
"y Boston?"), y su "charrocanrol", arraigado
en la idiosincrasia y la vida cotidiana de la población
azteca.
Desde 1988, las propias disqueras mexicanas descubren que
hay un nicho sin explotar y vuelcan sus intereses por las
bandas de su país. Así es como Botellita, Caifanes,
Maldita Vecindad y otros puedieron grabar sus discos. La explosión
tuvo su segundo aire en 1992, con la instalación de
Culebra, filial de la multinacional BMG, como editora exclusiva
de la "nueva música" (algo parecido ocurrió
en Chile, lo veremos en otra oportunidad) y grupos como La
Lupita, Santa Sabina y Romántico Desliz.
A fines de los noventa las guitarras dieron paso a otras
formas musicales, como el hip hop, a manos de Control Machete;
o a la extraña fusión hardcore, hip-hop, funk,
de Molotov, cuya mayor característica o "gracia"
es la capacidad de enfrentarse -con sus letras y postura-
a la conservadora sociedad mexicana (se han reído del
PRI, de Televisa, de Maná).
Hoy Molotov sigue siendo la punta de lanza de la música
popular mexicana. Maná también, pero en otro
plano. Mediáticamente, eso sí, son ambos grupos
la cara más visible de lo que sucede en México.
Sin olvidar, por cierto, a Café Tacuba, grupo de una
trayectoria notable y reconocidos como un referente musical
para los mexicanos.
Pero, ojo, que también están las Julietas Venegas,
las Elys Guerra, que unos escalones más abajo en cuanto
a difusión, hacen un trabajo que es reconocido por
prensa y fanáticos. Y demuestras que México
no es como lo pintan. Hay que ir a descubrirlo.
Por Rodrigo Toledo
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