En estas páginas hemos hablado en reiteradas oportunidades
acerca de la música popular brasileña. Sin
embargo, hemos dejado de lado una de sus corrientes menos
conocidas: el rock.
La tierra del tropicalismo, la samba y la bossa nova tuvo
también su debilidad por los ritmos más acelerados
y electrificados, aunque su influencia ni se compara con
los demás estilos. Por una cuestión idiomática
fue Argentina la encargada de liderar el movimiento llamado
rock latino, por ejemplo, y no Brasil, a pesar de que por
ser el país más grande de Sudamérica
contaba con una buena cantidad de exponentes.
Quienes marcaron a fuego la primera época de rock
brasilero fue el trío Os Mutantes, liderado por la
incombustible figura de Rita Lee (sí, la misma de
“Lanca Perfume”).La banda fue, desde su aparición,
un grupo de culto, y a la vez muy popular en el país
de Ronaldo y, a pesar de ello, sólo estuvieron juntos
seis años (1966-1972). Estos músicos hicieron
de la sicodelia una herramienta fundamental para entregar
su mensaje.
Tras dejar a los Mutantes, la Lee se embarcó en
un nuevo proyecto, Tutti Frutti, que fascinó a la
crítica de Brasil con su disco “Fruto Prohibido”,
el cual muchos consideran el mejor del rock de ese país.
Junto al músico -y pareja- Roberto de Carvalho formaron
un dúo de enorme popularidad durante la década
de los '80. Una popularidad heredada por el octeto denominado
Titas, cuyo líder indiscutible fue Arnaldo Antunes
(a quien hace poco recibimos a través de su proyecto
“Tribalistas”.
Renato Russo y Fê Lemos tenían 22 e 20 años,
respectivamente. Y eran los fundadores de Aborto Elétrico,
la primera banda punk de Brasilia, pionera del movimiento
rock en la urbe. El fin de su grupo los separó en
dos: Renato formó Legião Urbana, mientras
Fê intentó mantener a Aborto Elétrico.
También en esta época (1983) surge el grupo
con más cercanía a los países de habla
hispana: Os paralamas do sucesso o, simplemente, Paralamas.
Liderado por el más que reconocido Herbert Vianna
(voz y guitarra), más la adición de Bi Ribeiro
en bajo y Joao Barone en batería, este fue el primer
grupo brasileño verdaderamente popular en Chile,
gracias a la edición de su disco “Selvagem”
(1986) y la promoción del sencillo “Alagados”
(en Chile, “Inundados”) .
El trío, en todo caso, había editado dos
discos antes, con los que se había puesto al tope
de los ránkings en su país natal, y habían
ganado la posibilidad de participar en el primer Rock in
Río (1985).
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Madurando con dignidad y con una
creatividad intacta, el grupo sobrevivió a la llegada
de la década de los noventa e incluso la culminó
en 1999 con un “Unplugged” para MTV que se transformó
en récord de ventas.
Pero en 2001 llegaría el desastre, de la mano de un
terrible accidente aéreo que mató a la esposa
de Vianna y lo dejó a él en estado de coma.
Increíblemente, su fuerza de voluntad y su amor por
la música le permitieron editar un disco con su grupo
de siempre un año después de la tragedia (“Longo
Caminho”)
Durante los noventa, tendríamos la oportunidad de
apreciar el trabajo de otra banda que se arriesgó en
español, para llegar a todo el continente. Se trataba
de Skank, que en Chile logró varios número uno,
que los trajeron al Festival de Viña del Mar. Imposible
no recordar sus hits: “Garota Nacional”, “E
uma partida de futebol”, o la exquisita “Resposta”.
De quien no tuvimos noticia, lamentablemente, fue de la última
mártir del rock brasilero, Cassia Eller,
fallecida en circunstancias misteriosas a fines de 2001.
La cantante, que contaba con
39 años de edad cuando falleció, tuvo una infancia
marcada por un constante nomadismo, que facilitó su
acercamiento a las diferentes expresiones musicales existentes
en Brasil.
Participó en coros, en dos óperas como corista
y en 1981, en un festival con Oswaldo Montenegro.A partir
de 1989 comenzó su trayectoria por el mundo del disco,
con su primer lanzamiento en 1990. Es recordada como la última
gran voz del rock brasilero y en sus discos se mezclan la
timidez, la irreverencia y rebeldía. Una combinación
explosiva.
Dentro del amplio espectro del rock, Brasil se ha destacado
en el mundo por una población devota del sonido más
pesado, y por tener músicos capaces de exportarlo.
Los más importantes, por cierto, han sido los de Sepultura
(seguidos de cerca por los Ratos de Porao), que alcanzaron
su peak de popularidad internacional con la edición
de su disco “Roots”, a mediados de los noventa.
Tras la partida de su líder, Max Cavalera (quien formó
un proyecto exitoso también, como Soulfly), el grupo
siguió su paso, aunque mucho más silenciosamente.
Queda claro que Brasil no es sólo Caetanos, Gilbertos,
Jobims. A pesar de que ellos llenan -y con razón- toda
nuestra atención, es necesario no perder de vista las
expresiones periféricas (o influenciadas más
directamente por lo extranjero). Porque de que las hay, las
hay.
Por Rodrigo Toledo
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