Como en Chile, la influencia del sonido anglo fue vital
para el surgimiento de una movida musical propia. Y tal
como acá, en Argentina hubo una especie de "Nueva
Ola", compuesta por personajes como Palito Ortega,
Lalo Fransen o Nicky Jones, que ya en los sesenta trataron
de emular a sus íconos extranjeros.
Pero rock, propiamente tal, iba a aparecer de la mano de
Los Gatos Salvajes, grupo rosarino cuya gran "bandera"
era hacer rock cantado en español. Corría
1965, y en la Capital se armaba un incipiente circuito de
lugares dedicados a la música en vivo (La Cueva,
La Perla de Once y otros).
Los Beatniks grabaron primero, pero fueron Litto Nebbia
y Los Gatos los encargados de remecer la "industria",
vendiendo docientas mil copias de su primer sencillo. Como
una bola de nieve, la movida rockera tomaba forma a través
de nuevas agrupaciones como Manal, y los trascendentales
Almendra, de Luis Alberto Spinetta. Estos últimos
impusieron un hit de características históricas
para el rock trasandino: "Muchacha ojos de papel".
Revistas como "Pinap" y "Pelo" lograron
organizar festivales en que se pudo mostrar lo que estaba
ocurriendo en cuanto a música. La popularidad del
rock argentino subía como la espuma, y se sumaban
los nombres destinados a convertirse en mito. Miguel Abuelo,
por ejemplo, ex folclorista, que de una aparición
cantando en la Cueva pasa a tener su grupo, Los abuelos
de la nada, y un contrato con una multinacional (CBS).
Para la mitad de la década de los '70 el rock se
volvió acústico y las guitarras "de palo"
se hicieron dueñas de los escenarios. Es la época
de Porchetto, Gieco y, los más importantes, Sui Generis,
dúo compuesto por Charly García y Nito Mestre.
Dos hitos marcan el quiebre
en la historia del rock argentino. Uno es la separación
de Sui Generis en 1975, con un gran concierto en el Luna
Park. El otro está en el plano político y
social, con el derrocamiento de Isabel Perón por
parte de una asonada militar. La dictadura posterior dejó
al rock en la clandestinidad, y como vocero de los sin voz.
Tras el fin de Sui Generis, Mestre crea Los Deconocidos
de Siempre, García se embarca en La Máquina
de Hacer Pájaros, y aparece Polífemo, proyecto
encabezado por un joven David Lebón.
El inquieto Charly despidió al poco andar su nueva
banda, en un recital llamado "Festival del amor",
en 1977. Allí siembra la semilla de Serú Girán,
el gran grupo argentino del cambio de década. En
su formación se incluía, aparte de García,
a David Lebón, el bajista Pedro Aznar y el baterista
Oscar Moro.
Girán se ganó al pueblo argentino en base
a una capacidad notable de componer canciones tan tarareables
como profundas, que identificaron a una nación que
pronto iba a vivir el drama de la guerra de las Malvinas.
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Paralelamente,
podemos distinguir un período de reuniones liderado
por Almendra y secundado por Manal y el dúo Pedro y
Pablo (del rockero Miguel Cantilo). Serú Girán
se separa en 1981, al mismo tiempo que Miguel Abuelo -de regreso
al país- estructura una nueva formación para
sus Abuelos de la Nada (con Andrés Calamaro como tecladista).
El inicio del conflicto bélico con el Reino Unido
significó la censura de cualquier expresión
musical en idioma inglés, lo que tuvo como repercusión
un tremendo boom del rock argentino. Una explosión
que traspasó fronteras para convertirse en fenómeno
a nivel continental.
Se daba comienzo a la época de Virus, Miguel Mateos
y Zas!, Sumo, Fito Páez (ex integrante de la banda
de Juan Carlos Baglietto), los discos solistas de Charly (los
más famosos, como "Filosofía barata y zapatos
de goma" o "Parte de la religión") y
de los primeros Soda Stereo, esos con estética new
wave y sonido ska a lo The Police.
En 1987 un hecho lamentable tiñe las páginas
del rock argentino. Muere el vocalista de Sumo, Luca Prodan,
cuyo grupo continúa un tiempo hasta terminar en dos
proyectos distintos: Divididos y Las Pelotas.
Las figuras más grandes de la escena trasandina se
mantuvieron incólumes (más allá de algunos
escandalillos) durante la década de los '90: Charly,
Fito, Cerati y hasta Spinetta (con Los Socios del Desierto)
tuvieron discos nuevos. Tras ellos, el ex Rodríguez,
Andrés Calamaro, de vuelta en su país se tomó
el dial más "popero", mientras Patricio Rey
y sus Redonditos de Ricota eran la más popular de las
bandas "desconocidas".
Y comenzó a salir a flote una interesante camada de
grupos "alternativos", como Juana la Loca, Los Caballeros
de La Quema, A.N.I.M.A.L., Todos tus muertos, de entre los
cuales los más sobresalientes -en cuanto a repercusión-
han sido los Babásonicos, creadores del mejor disco
argentino de 2001, "Jessico". Los noventa, aparte,
diversificaron el sonido del rock argentino, dejando un espacio
para el reggae (Los Pericos) y el ska (Los Fabulosos Cadillacs).
Seguramente hemos dejado al margen de esta humilde reseña
un montón de nombres que, de alguna manera u otra,
ayudaron a forjar la historia del rock argentino. Admitimos
esa omisión, pero también reconocemos la validez
de este artículo como una referencia de la sustancia
musical que poseen nuestros hermanos de allende Los Andes.
Aunque a algunos no les guste.
Por Rodrigo Toledo
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