Dice una antigua regla de festival de la canción
que "se considerará plagio a toda canción
que posea más de ocho compases similares a otra".
En este caso significará la eliminación del
competidor; para efectos legales, supondrá el comienzo
de un juicio por violación de los derechos de autor.
Un compás, recordemos, es un fragmento de música
en el que se agrupa un determinado número de notas
en un espacio de tiempo dado. La legislación de cada
país establece el número de ellos que deben
ser idénticos para que haya plagio. En Brasil, por
ejemplo, deben ser doce.
Los plagios han dado para todo en la historia de la música
popular ( y en la de la clásica también);
muchos de ellos, también, han pasado desapercibidos,
o no han sido considerados como tales. A algunos se les
ha llamado con otros nombres, como "inspirada en",
o "homenaje a", con objeto de sortear los respectivos
entreveros legales.
Ni los más conspicuos artistas se han salvado de
una acusación de este tipo. George Harrison, por
ejemplo, marcó un hito a causa del juicio por su
célebre hit de 1971, "My sweet Lord".
Esa canción, editada en el disco "All Things
Must Pass" (en 1970), fue reivindicada por los creadores
del tema "He´s So Fine" (1963), The Chiffons.
El bueno de Harrison se vio obligado a pagar medio millón
de dólares por "plagio inconsciente" (se
comprobó que el no conocía la canción)
y a vivir en costante paranoia por el tema.
John Lennon tampoco libró sano y salvo al apuntarse
"Come Together" como demasiado "deudora"
de "You Can't Catch Me", tema de Chuck Berry.
Por suerte para el fallecido genio, los abogados de ambos
artistas llegaron a un acuerdo, y Lennon debió realizar
un disco con versiones del rock 'n roll clásico e
incluir en él tres temas de Berry.
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Entre los casos más recientes
podemos nombrar el de K.D. Lang, quien consideró que
debía recibir su tajada de lo recaudado por el tema
"Has Anybody Seen My Baby" de los Rolling Stones
(bastante similar a su éxito "Constant Craving")
La fuerte irrupción del sample como recurso musical
para la música popular también generó
controversia. Hoy vivimos un momento en que cada vez se acepta
más como fórmula la de utilizar "retazos"
de viejas canciones para armar una nueva. En Chile, por ejemplo,
Bitman & Roban ha hecho de esto una premisa de su trabajo
(incluso tienen una canción que se llama "Robar
es natural").
Puede que el mayor bagaje de algunos músicos los lleve
a veces, inconscientemente, a poner en sus canciones trozos
que hallan en su memoria, pero que llegaron ahí a través
del oído (no a través de su imaginación).
Es entendible, y muy humano. Ahora, la replicación
de una canción, de un estilo, y de un sonido, tiene
pocas atenuantes.
Con esto, queremos apuntar al hecho de que, muchas veces,
estas "relecturas" de algunas canciones -suponiendo
que sea una acción inconsciente- tienen una calidad
que puede llevar a algunos a preferirla por sobre el original.
Es una cuestión de gustos.
Por Rodrigo Toledo
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