La delgada línea roja

A comparar:
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"Disco 2000" de Pulp; con "Gloria" de Umberto Tozzi.
"Wish You Were Here", de Pink Floyd, con "Almost Independence Day" de Van Morrison.
"Africa Bamba", de Carlos Santana, con "Guerrilla Africa", del grupo senegalés Toure Kunda (terminó en juicio)
"Un misil en mi placard (versión unplugged)", de Soda Stereo, con "Chrome Waves", de Ride
"Primavera 0" de Soda Stereo, con "Strange fruit", de Catherine Wheel
"Freebola", de Glup!, con "Girls & Boys", de Blur
"A Dios le pido", de Juanes, con "Tarjetita de invitación", de Adrián y los Dados Negros (no han cantado el coro encima)

 


 
     
Plagio, una palabra potente, capaz de sepultar a los mejores compositores. ¿En qué consiste?
¿De qué se trata? Aquí tratamos de responder algunas de esas preguntas e ilustrar con ejemplos, cómo se transforma una canción en otra.

 
     

Dice una antigua regla de festival de la canción que "se considerará plagio a toda canción que posea más de ocho compases similares a otra". En este caso significará la eliminación del competidor; para efectos legales, supondrá el comienzo de un juicio por violación de los derechos de autor.

Un compás, recordemos, es un fragmento de música en el que se agrupa un determinado número de notas en un espacio de tiempo dado. La legislación de cada país establece el número de ellos que deben ser idénticos para que haya plagio. En Brasil, por ejemplo, deben ser doce.

Los plagios han dado para todo en la historia de la música popular ( y en la de la clásica también); muchos de ellos, también, han pasado desapercibidos, o no han sido considerados como tales. A algunos se les ha llamado con otros nombres, como "inspirada en", o "homenaje a", con objeto de sortear los respectivos entreveros legales.
Ni los más conspicuos artistas se han salvado de una acusación de este tipo. George Harrison, por ejemplo, marcó un hito a causa del juicio por su célebre hit de 1971, "My sweet Lord".

Esa canción, editada en el disco "All Things Must Pass" (en 1970), fue reivindicada por los creadores del tema "He´s So Fine" (1963), The Chiffons. El bueno de Harrison se vio obligado a pagar medio millón de dólares por "plagio inconsciente" (se comprobó que el no conocía la canción) y a vivir en costante paranoia por el tema.

John Lennon tampoco libró sano y salvo al apuntarse "Come Together" como demasiado "deudora" de "You Can't Catch Me", tema de Chuck Berry. Por suerte para el fallecido genio, los abogados de ambos artistas llegaron a un acuerdo, y Lennon debió realizar un disco con versiones del rock 'n roll clásico e incluir en él tres temas de Berry.

Entre los casos más recientes podemos nombrar el de K.D. Lang, quien consideró que debía recibir su tajada de lo recaudado por el tema "Has Anybody Seen My Baby" de los Rolling Stones (bastante similar a su éxito "Constant Craving")

La fuerte irrupción del sample como recurso musical para la música popular también generó controversia. Hoy vivimos un momento en que cada vez se acepta más como fórmula la de utilizar "retazos" de viejas canciones para armar una nueva. En Chile, por ejemplo, Bitman & Roban ha hecho de esto una premisa de su trabajo (incluso tienen una canción que se llama "Robar es natural").

Puede que el mayor bagaje de algunos músicos los lleve a veces, inconscientemente, a poner en sus canciones trozos que hallan en su memoria, pero que llegaron ahí a través del oído (no a través de su imaginación). Es entendible, y muy humano. Ahora, la replicación de una canción, de un estilo, y de un sonido, tiene pocas atenuantes.

Con esto, queremos apuntar al hecho de que, muchas veces, estas "relecturas" de algunas canciones -suponiendo que sea una acción inconsciente- tienen una calidad que puede llevar a algunos a preferirla por sobre el original. Es una cuestión de gustos.

 



Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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