Originado en el movimiento cinematográfico fránces
de la década de los '50, el concepto "new wave"
fue el comodín utilizado por el periodismo, la gente
de los sellos y los programadores radiales para designar
a los nuevos sonidos que comenzaban a nacer con la llegada
de los '80.
La partida del punk como alternativa comercial, obligaba
a los distintos actores del ambiente musical a buscar alejar
cualquier reminiscencia a su legado de rudeza, mensajes
directos y escándalos. El término "post-punk"
fue dejado de lado por ese motivo, y apareció con
fuerza el de "new wave", que aludía a un
movimiento artístico-intelectual, supuestamente parecido
al que estaba ocurriendo.
En Estados Unidos, por ejemplo, se dio una dicotomía
bastante extraña entre lo que era punk y lo que se
consideraba new wave. Dentro del primer estilo se consideraba
a bandas como The Ramones y Richard Hell and The Voidoids,
mientras que en el segundo estaban Blondie y Talking Heads.
Optar por la etiqueta new wave era adquirir un status diferente
y, en adición, tener más posibilidades de
fichar por una multinacional. Así, se subieron al
carro nuevas agrupaciones como Cars, The Motels, The Go
Go's, Pere Ubu, Jonathan Richman, The B-52's, REM, Devo,
X, The Blasters, The Residents y otras tantas más,
que habían moldeado su sonido a partir de los acordes
punk.
Todo era new wave y la new wave podía ser cualquier
cosa. Bajo esta premisa, dentro de sus límites caben
proyectos tan disímiles como el pop-oreja de The
Motels y el bizarro art-punk de Pere Ubu (que tomó
su nombre de la obra "Ubu Roy", escrita por el
dramaturgo Albert Jarry a
principios del siglo XX.). Bandas revisionistas del rock
como The Blasters eran new wave, pero también lo
era el dance-rock de estética kitsch de los B-52's.
Sin embargo, con esfuerzo podemos encontrar características
que cruzan el estilo y que van más allá de
lo meramente musical. Acerca de este último punto,
podemos fijarnos en la aparición de la tecnología
aplicada al sonido, que se hace instrumento en el sintetizador.
Paralelamente, y en
algo que había quedado descuidado con el punk, se
hace visible una preocupación constante por el tema
estético. La idea era acompañar la
música con un "concepto" visual de fácil
identificación.
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Para
algunos, dichas inclinaciones eran parte de su propia vocación
de vida. David Byrne, Chris Franz y Tina Weymouth, de Talking
Heads, por ejemplo, se conocieron en la Escuela de Diseño
de Rhode Island, lugar donde forjaron la idea de hacer música.
Sus inquietudes artístico-intelectuales, obviamente,
se volcaron a su sonido y a su look. La preocupación
por lo externo era también un signo de una década
y del cambio de paradigma que se
había gestado, hacia el posmodernismo, mutando también
lo que antes entendíamos como arte.
La new wave inauguraba con sus sonidos simples y sus melodías
eficaces una nueva década alrededor del mundo, y el
Reino Unido no era la excepción. En tierras de la Reina
la heterogeneidad también era la regla. Estaba el veloz
trash-pop de los Rezillos (la versión escocesa de B-52's)
y el post-punk depresivo de Joy Division (que después
sería el dance-rock de New Order, tras el suicidio
del vocalista de los Division, Ian Curtis), el noise-rock
de Pop Group, el pop-punk melódico de The Police, el
reggae-funk con mensaje feminista de The Slits, la retropsicodelia
de The Cure y bandas más tardías como Happy
Mondays, Inspiral Carpets y The Smiths. Muchos de estos grupos
simplemente "pasaron" por la new wave y algunos,
incluso, inauguraron nuevas corrientes. The Cure y Joy Division,
por ejemplo, se sumaron a otros como Siouxie Sioux & The
Banshees para sentar las bases de lo que íbamos a conocer
como dark. Happy Mondays, Inspiral Carpets y The Smiths, por
su parte, lideraron la escena del llamado "pop
alternativo británico".
Y en la palabra alternativo encontramos el destino de la new
wave. Hoy, lo que alguna vez fue new wave es rock alternativo,
en otro más de los múltiples usos que se le
ha dado al término. Hoy en día, new wave se
aplica a los grupos que hacen una relectura del punk de principios
de los setenta, y que no era comercial a finales de esa década.
Pese a todo, las grandes bandas de la new wave existieron
sin importar el nombre que tuviera su sonido y mucha de la
buena música de hoy tiene una deuda con ella, que marcó
un parte importante de la historia del rock contemporáneo.
Si no, que lo digan los miles de fanáticos que cada
fin de semana repletan la discoteque Blondie y el Bal-le-duc
para recordar (aunque algunos no habían nacido en esa
época), bailar y vestirse a la usanza de la new wave.
Por Rodrigo Toledo
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