Para el postre...

Receta culinaria
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"Sólo para bailadores", Johnny Ventura, 1993
"Merenguero hasta la tambora", Johnny Ventura, 2000
"Grandes éxitos", Johnny Ventura, 2000
"Sonero Mayor", Cuco "El Brujo" Valoy, 1991
"Bien Sobao", Cuco "El Brujo" Valoy, 1993

 

 



 
     
A propósito de Juegos Panamericanos y República Dominicana, seguimos en la onda de los ritmos caribeños rescatando uno asociado a ese pequeño país vecino de Haití y que hoy es noticia por el deporte. Con un nombre que sabe a comida, como la salsa, el merengue se popularizó en Chile durante la década pasada.

 
     

Seguimos, esta semana, descubriendo los ritmos y estilos latinoamericanos en nuestra sección Raíces. Ya habíamos pasado por el tango, la salsa y la cumbia, hasta que saltamos al viejo continente para descubrir al flamenco.

Hoy estamos de vuelta por estos pagos, específicamente en Centroamérica, en un país insular que por estos días hace noticia por la realización de los Juegos Panamericanos, a pesar de ser uno de los más pobres del continente.

Paradojas de la idiosincrasia latina, como las que convirtieron al merengue en un ritmo "paria", allá por la mitad del siglo XIX, momento en que la "tumba" era la música dominicana por defecto. Claro, muchos decían que el "merengue" era originario del vecino Haití, lo que generaba el rechazo inmediato de los nacionalistas (la mayoría de la población, luego de una guerra por la independencia que los tuvo enfrentados).

Pero la crónica que parece más verosímil habla de un ritmo proveniente de Cuba, al que llamaban UPA, y que había tenido una escala de éxito en Puerto Rico. Era el baile de ese ritmo el que contaba con una parte a la que llamaban "merengue", nombre que se perpetuó a través de la cultura dominicana (otra fusión multicultural, en la que el elemento africano tenía gran predominancia).

El merengue tuvo, en su origen, una estructura de 2 por 4, aunque el número de compases variaba en pos de la improvisación. Hoy el número llega incluso hasta 48, haciendo del merengue prolongadas e interminables piezas en que los bailarines deben demostrar todo su estado físico.

¿Instrumentos? El merengue se interpretó en un comienzo sólo con los recursos del folclor local: las bandurrias (reemplazadas por el acordeón más tarde), el Tres y el Cuatro.

Curiosamente, la "época de oro" del merengue se dió durante la extensa dictadura de Rafael Trujillo, desde 1930 a 1961. Durante esos años fue que proliferaron las orquestas de merengue y que la identidad de la joven nación se terminó de moldear, con el aquel ritmo como adalid.

Los efectos de la globalización -más bien la "americanización" caribeña- por supuesto tuvieron su consecuencia en el merengue. En la década pasada se dio la explosiva aparición del "merengue house", que debimos "sufrir" en carne propia los chilenos (el Festival de Viña fue muy "receptivo" a este tipo de maifestaciones).

Merengue es sinónimo de fiesta, de goce y de sensualidad. También de desafío tanto para sus intérpretes como para sus bailarines. A través de sus sonidos se han desarrollado artistas de la talla de Johnny Ventura, la máxima figura dominicana del ritmo, y que estuviera en nuestro venido a menos Festival de Viña, en los buenos tiempos, la década de los '80). Otros célebres cultores del merengue han sido Cuco "El Brujo" Valoy (y su grupo Los Ahijados) y Joseíto Mateo "El rey del merengue".

El merengue más tradicional está hoy relegado a lo rural, mientras en las radios se impone un merengue más "pop", en el que llevan la batuta los boricuas, a través de Elvis Crespo u Olga Tañón. De todas formas, su espíritu no ha muerto en lo absoluto, ni menos, ha pasado de moda. ¿O a pasado de moda la fiesta?




Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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