Chris Lombardi era sólo un muchacho cuando, en 1989,
se decidió a editar un disco del dúo austríaco
H. P. Zinker. Poca consciencia tenía de que estaba
haciendo historia, al poner la primer piedra de uno de los
sellos más influyentes de la década de los
'90: Matador Records.
Gerard Cosloy fue un nombre vital para la concreción
de su proyecto. Este hombre gozaba de una vasta experiencia:
desde los 18 años que llevaba adelante al sello Homestead,
hogar de Sonic Youth, Big Black y Dinosaur Jr.
El departamento de Lombardi funcionaba perfecto como oficina
cuando todavía eran una compañía minúscula,
pero todo cambió cuando publicaron en EE. UU. el
debut de Teenage Funclub, "A catholic education",
un verdadero acierto "comercial", dentro del ambiente
alternativo.
"Sucedió por accidente. Sacábamos sólo
música que nos gustaba, la clase de discos que nosotros
compraríamos. Si a alguien le gustaban, mejor. Pero
pasó que editamos grupos a los que les fue relativamente
bien desde el comienzo, como Pavement y Superchunk, así
que tuvimos que contratar a algunos amigos para que vinieran
a trabajar.
El momento en que la compañía realmente creció
fue cuando hicimos un acuerdo de distribución con
Atlantic. Pero ahora volvimos a ser completamente independientes,
después de haber usado el dinero de las grandes corporaciones
para contratar artistas inusuales", contaría
el propio Lombardi en una entrevista reciente, acerca del
paso desde un simple hobby a las intenciones serias por
hacer de Matador una empresa rentable.
Jon Spencer Blues Explosion: "Antes de que
empezáramos con Matador, siempre íbamos a
ver a Pussy Galore, que era su grupo anterior. Así
que nos habíamos hecho amigos de Jon, sólo
por el hecho de estar siempre en la escena neoyorquina.
Por eso fue natural que nos trajera sus discos".
Pavement: "Mierda, es un disco impresionante",
dijeron en Matador cuando recibieron los demos de su disco
"Slanted & Enchanted".
Pizzicato Five: Fueron a verlos tocar en Tokio
a recomendación de una chica que trabajaba con ellos
y que tenía un video.
Yo La Tengo: Ira Kaplan, cantante y guitarrista
del grupo, era crítico musical en Nueva York antes
de tener la banda, así que era conocido de los muchachos.
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Según Lombardi, en la época
era muy fácil fabricar simples de vinilo en forma independiente
y mandarlos a las disquerías. Así que todo se
basaba en tener ganas. A continuación algunas palabras
del propio Lombardi extraídas del diario argentino
Página 12, cuando el hombre anduvo de visita por Sudamérica:
¿Qué criterio siguen para elegir a los
artistas?
Tienen que gustarnos a mi socio y a mí. Si sólo
le gusta a uno, no lo publicamos, porque ambos tenemos que
creer en el artista. Lo que nos llama la atención es
que suenen diferentes a lo que se escucha en la radio.
¿Prestan atención a todos los demos
que les llegan, entonces?
Recibimos muchísimos, pero nunca los escuchamos, así
que ¡no los manden!. Hubo veces en que, limpiando las
cajas, escuchábamos los demos de bandas que para ese
momento ya se habían hecho muy grandes y nos reíamos
mucho. Sólo firmamos a tres artistas por haber escuchado
sus demos: Solex, Liz Phair y Bettie Seveert. El suyo fue
el caso más curioso, porque encontramos el casete tirado
en el piso.
Lombardi tiene una visión particular respecto al intercambio
de música a través de los programas "peer
to peer" de Internet (como Kazaa, por ejemplo).
"Es una forma de exponer el trabajo de los artistas desde
los rincones más chicos de Estados Unidos hasta la
Argentina o Japón. Seguro que eso no les funciona a
los sellos grandes, que gastan millones y millones para hacer
el marketing de una sola canción.
"Si hay algo que agradecer a Matador es su legado conceptual,
esto es, la coherencia total entre música, gráfica
e ideas, algo en lo que 4AD se había especializado.
No fue casualidad, entonces que durante este año Beggars
Group adquiriera el 50% de las acciones de Matador. El grupo
discográfico que ya poseía sellos ilustres como
4AD, XL Recordings, Mantra, Too Pure, Wiiija y Mo´Wax
completó un tremendo conglomerado con este emblema
de la independencia.
Por Rodrigo Toledo
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