Una experiencia sónica

Discografía Lo-Fi
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Beat Happening, “Dreamy”
Pavement, “Slanted & Enchanted”
Sebadoh, “Smash your head on the punk rock”
Beck, “One foot on the grave”
Guided by Voices, “Bee Thousand”
Smog, “Burning Kingdom”
Yo la Tengo, “Painful”

 

 


 
     
Austeridad técnica elegida de manera consciente. Eso es lo-fi. Una corriente caracterizada por las guitarras sucias, líricas “inteligentes”, y la ausencia (al menos en una primera etapa) de un plan de marketing convencional.

 
     

La historia del sonido lo-fi (baja fidelidad) es paradojal, pues tiene su origen en una de las décadas con mayor desarrollo tecnológico en cuanto a música se refiere. Comenzó como un movimiento subterráneo, cuando pequeñas bandas, en ese entonces, vieron en sus primitivas maneras de grabar más que una limitante, una ventaja.

Eran los años del cambio de década y el grunge preparaba su abordaje a los ránkings de todo el mundo. En el sello independiente de moda, Sub Pop (que había grabado a Nirvana) una banda llamada Beat Happening trataba de diferenciar su sonido caminando hacia el minimalismo y mezclando su folk rock con pequeños trazos de ruido. Calvin Johnson, su líder, iba a ser el fundador de otro sello independiente, quizá tan influyente como Sup Pop, llamado simplemente K.

K es, mirando con la riqueza que da el paso del tiempo, uno de los más influyentes y visionarios estímulos que tiene la estética lo-fi en esos años. A partir de su existencia, hubo numerosos proyectos que siguieron sus patrones de producción musical y de actitud.

Con la llegada de los noventa, y el grunge en su apogeo, un puñado de bandas tuvo la oportunidad que antes se le había negado. Todas tenían en común estar apegadas a los “preceptos” del lo-fi. Entre ellas sobresalían tres: Sebadoh, formada por Lou Barlow (proveniente de Dinosaur Jr.) que fusionaba el rock de guitarras de REM, la melancolía de Dinosaur Jr. y la experimentación sonora de Sonic Youth; Pavement, liderada por una reciente visita, Stephen Malkmus, y su pop-rock atonal, caótico, en el que lo de menos era el dominio de los instrumentos o la armonía; y por último, los oriundos de Ohio, Guided by Voices, que llevaban varios años siendo escuchado por sus amigos hasta que repentinamente fueron “descubiertos”.

Pero volvamos a delinar un poco más el concepto de lo-fi. Y tratemos de buscar el cruce o el paralelo con otras épocas. Podríamos pensar primero en los inicios del rock & roll, cuando cientos de músicos de rockabilly y doo wop grababan en primitivas circunstancias, otorgando a sus discos una dosis de pureza e inocencia imposibles de recrear hoy en día.
Durante los ’60, las llamadas bandas de “garage” también utilizaron las mismas condiciones. Y ni hablar del punk de los setenta.

Claro, todos ellos no lo hubieran pensado dos veces si les hubieran ofrecido grabar en la comodidad y condiciones de un moderno estudio. Y ahí radica la diferencia con los artistas lo-fi, que rescatan la espontaneidad y las cualidades de la distorsión y de grabar de manera rápida, simple e incluso con equipamientos obsoletos.

Sin embargo, esta aproximación no es exclusiva de estos años. Ya lo había hecho la Velvet Underground en su segundo álbum, White Light/White Heat, cuando deliberadamente pusieron sus amplificadores al límite, ignorando los ruegos del ingeniero por bajar el volumen y eliminar la distorsión. The Beatles también lo hicieron en “Revolution” y The Rolling Stones en “Jumping Jack Flash” (grabada en cassette para retener el ruido). La gracia era darle una vuelta.

Cuando Pavement editaba su tercer disco, “Crooked Rain, Croocked Rain” (1994) -tras los ascendentes “Slanted & Enchanted” (1992) y “Watery, Domestic e.p.”(1992)- y Sebadoh lanzaba “Bakesale” (1994), todavía por el legendario sello Sub Pop, un joven de aspecto desgarbado y cabello sin peinar, imponía el hit que iba a identificar a toda una generación. Se trataba de Beck Hansen. O simplemente Beck.


“Mellow Gold”, su disco del ’94 editado por Geffen, era consecuencia del éxito conseguido en la escena independiente y de un álbum editado por el todavía presente sello K, llamado “One foot on the grave”. Beck tuvo el mérito de hacer una relectura de lo popular en todos sus ámbitos y transformarlo en música, en un rol que era una suerte de “héroe de la chatarra”. Utilizó su casa como estudio y todo lo que estaba a su alcance como instrumento. En el fondo, fue él quien llevó la actitud y sonido lo-fi a los medios, algunos de los cuales recién descubrían lo que ya llevaba varios años de desarrollo.

Pero sin lugar a dudas que hay un nombre capital en la historia del lo-fi. Es la etiqueta independiente Matador Records fundada por Chris Lombardi. Matador nació cuando este muchacho publicó un disco del dúo austríaco H. P. Zinker. Poco tiempo después se le unió su socio Gerard Cosloy, quien desde los 18 años había mantenido el sello Homestead, hogar de Sonic Youth, Big Black y Dinosaur Jr. La oficina de la incipiente compañía era el departamento de Lombardi, pero todo comenzó a crecer, especialmente cuando publicó en EE. UU. el debut de Teenage Funclub, “A catholic education”. De pronto, el hobby se convirtió en una forma de ganar dinero. “Sucedió por accidente. Sacábamos sólo música que nos gustaba, la clase de discos que nosotros compraríamos. Si a alguien le gustaban, mejor. Pero pasó que editamos grupos a los que les fue relativamente bien desde el comienzo, como Pavement y Superchunk, así que tuvimos que contratar a algunos amigos para que vinieran a trabajar. El momento en que la compañía realmente creció fue cuando hicimos un acuerdo de distribución con Atlantic. Eso nos dio la posibilidad de contratar más grupos y más amigos. Pero ahora volvimos a ser completamente independientes, después de haber usado el dinero de las grandes corporaciones para contratar artistas inusuales”.

Jon Spencer Blues Explosion, Pavement, Cornelius, Yo La Tengo, Pizzicato Five, Guided By Voices, Liz Phair, Belle & Sebastian, Helium. La lista es interminable, con una explosión situada en los noventa y una salud actual envidiable. Y es que aunque el sello se caracterizaba por un sonido bien ligado al lo-fi, nunca se cerró a proyectos distintos, que innovaran dieran matices al sello.

Con el tiempo, muchos grupos optaron por desligarse de la etiqueta lo-fi o simplemente por emigrar hacia otros derroteros sonoros. Pero el lo-fi había llegado para quedarse y permanece en la propuesta de numerosas nuevas bandas, como un estilo más. Uno que rescata lo más básico del punk: “Hágalo ud. mismo (con sus propias manos)”.

 
 
 
 

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