Pocos saben que tres de las estrellas más grandes
del planeta Tierra –Britney Spears, Backstreet Boys
y N' Sync- pertenecen a un sello independiente. Más
bien, pertenecían hasta agosto del año 2001,
cuando la compañía Zomba/Jive Records fue
traspasada a BMG a cambio de la friolera de...3 mil millones
de dólares.
El beneficiario directo de este "billetón"
fue su dueño, el magnate de la industria musical
más desconocido públicamente: Clive Calder.
Este sudafricano nacido en 1946 fue periodista de Billboard,
uno de los pocos datos que se han podido recabar de él,
pues en los últimos 28 años ha concedido solamente
una entrevista. A los 23 años partió a probar
suerte como músico en Londres. No le fue bien, y
volvió a los dos meses, con una nueva visión
acerca de la manera como funcionan las cosas en la industria
musical, en la que empezó a incursionar en su natal
Johannesburgo, olvidando para siempre su guitarra.
Zomba Music Group (el nombre es por una población
de Malawi) tuvo su génesis en una pieza vacía
en el departamento de Calder. Estaba en Londres nuevamente,
y ahora estaba preparado. Pero como a todos cuando parten,
nadie lo tomó en serio hasta que Robert Lange, productor
de AC/DC, se unió a su proyecto. Rápidamente
ganó credibilidad, otro de los capitales más
importantes al momento de embarcarse en un sello independiente.
Un moderado éxito le permitió a Calder abrir
una subsidiaria de Zomba, llamada Jive Records. A través
de esta etiqueta es que el visionario músico ve el
potencial contenido en un movimiento ignorado por los mass
media, el del hip hop. ¿Una música de negros,
de barrio, críptica y de tono violento podía
transformarse en éxito? A Calder no le cabía
duda y lo demostró lanzando Magic Wand de Whodini,
en 1982, disco al que siguieron KRS-One, Too Short, Kool
Moe Dee, DJ Jazzy Jeff y el Príncipe del Rap.
Para el año 1985, Lange era líder produciendo
rock pesado (Def Leppard, Foreigner, estaban entre sus trabajos),
y su socio Calder, capitalizaba su fama en la forma de derechos
de autor de la música que se grababa en los estudios
de su propiedad.
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Una
niña de apenas 15 años tocó a su puerta
en 1997 y, como para demostrar que a veces la intuición
y el talento van de la mano con la suerte, dicha adolescente
llevaba por nombre Britney Spears y estaba destinada a transformarse
en el nuevo gran "batatazo" de Calder.
Zomba estaba en la cima. Dos descubrimientos se sumaron al
de la bella intérprete de "One more time"
(su primer y apabullante éxito): Backstreet Boys y
N' Sync.
Con la desaparición –sin pena ni gloria- de New
Kids on the Block a fines de los ochenta, todos creímos
que los "grupos vocales" habían pasado a
mejor vida. Más aún , si recordamos que a principios
de los '90 el grunge y la música "alternativa"
salían de su cápsula para apoderarse de los
ránkings. Sólo Calder podía ser capaz
de llevar a los grupos vocales, con sus coreografías
y caras bonitas, a la primera línea del espectáculo
mundial.
Millones de discos vendidos fueron la consecuencia de este
"boom". Zomba/Jive se había consolidado como
el sello independiente más exitoso del mundo en cuanto
a resultados económicos.
Pero pronto llegaron las dudas. Y es que a través
de Internet proliferaban las denuncias acerca de un falseamiento
de las cifras de ventas de los nuevos discos de Backstreet
Boys ("Black and Blue") y 'N Sync ("No strings
attached", 2001). Era de conocimiento público
que por lo menos el primer grupo experimentaba una drástica
caída en relación a su debut pero, a pesar de
ello, la acusación nunca pasó a mayores.
Finalmente, en agosto de 2002, el gigante alemán BMG
termina por concretar algo que venía insinuando desde
mediados de los '90, la adquisición de Zomba. 3 mil
millones de dólares les costó la gracia, una
suma que deja muy lejos a las conseguidas por otros personajes
en situaciones similiares. En su tiempo, Chris Blackwell traspasó
Island Records pon 300 millones de dólares, David Geffen
vendió DGC por 550 millones y Richard Branson obtuvo
950 millones por Virgin.
Por Rodrigo Toledo
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