Era la década de los sesenta, y los insipientes
estilos dentro de la música popular apenas comenzaban
a buscar su identidad. El folk era, por lejos, la forma
más predominante y más definida dentro del
espectro. Y por ende, defendida a ultranza por sus ejecutores.
Una historia que se repite una y otra vez en la evolución
de la música.
Los puristas. Una raza tan necesaria como desechable que
siempre está ahí, para oponerse al cambio,
o para demorarlo, al menos. Ellos eran los que predominaban
entre los cultores del folk en los sesenta. Denostaban al
naciente rock, y por eso mismo condenaron la actitud de
Bob Dylan -su rostro más visible-, de acercarse al
nuevo sonido. El señor Zimmerman, por suerte, no
los tomó en cuenta, pues era ya uno más de
los fanáticos. En especial, de la llamada Invasión
Británica y de The Beatles (con quienes profesaba
mutua admiración).
La raíz de la fusión folk-rock se encuentra,
sin embargo, en grabaciones de the Searchers and Jackie
DeShannon (pioneros en el uso de la guitarra de "doce
cuerdas"), del año 1965, o de los Beau Brummels.
Pero fueron los Byrds quienes realmente dieron el vamos
al sonido, con su histórica y conocida versión
para el clásico de Dylan, "Mr.Tambourine Man".
El mismo Dylan se subió a este carro con sus discos
"Highway 61 Revisited" y "Blonde on Blonde",
de sonido más "eléctrico", y se
convirtió definitivamente en una superestrella.
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De
esta época es su mayor hit, "Like a rolling stone".
A Dylan y los Byrds siguieron una infinidad de nuevos artistas
cultores del nuevo estilo, como The Lovin' Spoonful, the Mamas
& the Papas, el escocés Donovan (quien terminaría
embrujado por la sicodelia), Sonny & Cher (los más
"comerciales" de la hornada) y otros menos conocidos,
como Leaves y Blue Things.
Muchos siguieron el camino de Donovan hacia la sicodelia,
y el folk-rock no volvió a aparecer hasta un par de
años después, a través de bandas como
Love o Buffalo Springfield.
Finalmente, el folk-rock se iba a transformar en toda una
institución, sobretodo en EE.UU., donde hoy es uno
de los estilos más populares (y que tienen más
que ver con su identidad de nación). Las bandas emparentadas
con el sonido son muchísimas, partiendo por REM, y
siguiendo con Toad the Wet Sprocket, Hootie & the Blowfish,
Counting Crows, Crash Test Dummies, Dave Matthews Band, etc,
etc, etc, etc.
El poder de la combinación entre lo acústico
y lo eléctrico es innegable. Su llegada es transversal,
atraviesa estratos etéreos y sociales, y se convierte
en algo masivo. Y en muchos casos, en un producto de tremenda
calidad. Uno que merece ser escuchado sin prejuicios.
Por Rodrigo Toledo
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