La pasión gitana

"Mi madre me crió a mí..."
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"Antología del Cante Flamenco", 1960.
"Antología de Cantaores Flamencos", 1996
"100 años de Flamenco", 1997

 

 



 
     
Poco conocemos a los gitanos en Chile, más allá del estereotipo de las sartenes de cobre, la lectura de la mano o las carpas multicolores. Sin embargo, es ese mismo pueblo el que ha mantenido viva una de las músicas más ricas de Europa, y de la península ibérica en específico.

 
     

Seguramente la mayoría de nosotros guarda las imágenes de aquellos españoles que -al estilo Gypsy Kings o Paco de Lucía- se vestían de negro y con una guitarra clásica lograban encender el ambiente con su ritmo endiablado.

Fueron momentos en que el sonido "flamenco" se había puesto de moda acá en Chile, aunque en su lugar de origen jamás había dejado de practicarse. ¿Lugar de origen, dije? Más bien debería decir "lugar de desarrollo", puesto que el ritmo conocido como flamenco tiene tantas influencias, que sería un despropósito ligarlo a una cuna en particular.

En el flamenco se encuentran y funden culturas tan disímiles como la judía, la griega, la árabe, además de, claro, la gitana, con quien se le ha relacionado desde que tenemos uso de razón.

La evolución del flamenco, de hecho, tiene mucho que ver con la historia gitana, una historia de nomadismo y de caravanas, de persecuciones y diásporas. Como la que los llevó desde su supuesto territorio -una región llamada Sid, en lo que es hoy Pakistán- a repartirse por Europa: unos en el sector de Francia y la península ibérica, otros en Italia y los Balcanes (Macedonia) y los últimos en Rusia, Polonia y Hungría.

Es en esta historia de nomadismo que los gitanos adquieren la amalgama de influencias que daría luz al flamenco, tal y como hoy lo conocemos, tras el asentamiento definitivo de parte del pueblo zíngaro en la región de Andalucía, en España (Sevilla, para que se hagan una idea).

Dicen que "flamenco" es un término derivado de dos palabras árabes: "felag" (campesino) y "mengu" (campesino). Para otros se impone la tesis de un concepto relacionado con la "flama" o "fogosidad" con la que supuestamente se caracteriza la personalidad gitana.

 

La música acompañó las actividades de los gitanos desde siempre, y esa es una de las razones por las que el flamenco se mantuvo vivo a través de ellos.

Canto, baile y guitarra, es la trilogía que representa fielmente al flamenco. Son tres "artes" distintos, que se estudian por separado, y que tienen exponentes totalmente distintos. En las tres se nota claramente la influencia árabe, esencialmente de la zona del norte de África, conocida con el nombre de Magreb.

El canto flamenco tiene, por ejemplo, ese halo de lamento que también tienen las voces marroquíes (tan de moda durante el año pasado); y las armonías de la guitarra miran también a lo árabe. La melodía está ligada a la frase rítmica, lo que contribuye a un juego de intensidades en el que los intérpretes tienen el poder.

Del baile se puede decir algo similar. Hay un movimiento de caderas y de manos que, invariablemente, nos invita a recordar los exóticos bailes de medio oriente.

Flamenco es una palabra inmensa, de eso no cabe duda. Al interior de esta verdadera "cultura" de bailaores, cantores, músicos, se incluyen un sinnúmero de subcorrientes, de vertientes, que podríamos estar describiendo por semanas. Su atractivo, tras casi tres siglos, permanece intacto, y estamos todos invitados a descubrirlo.




Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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