"24 Hour Party People" se llama la película
que lleva a la pantalla grande la historia musical de Manchester
de los últimos 25 años. Michael Winterbottom
("Bienvenido a Sarajevo") es el encargado de tamaño
proyecto, que se estrena el viernes en Gran Bretaña
y quién sabe cuándo o en Chile.
1976. Un concierto de Sex Pistols en Manchester es el escenario
que da inicio a "24 Hour Party People", un filme
supuestamente llamado a transformarse en el sucesor de la
emblemática "Trainspotting" (dirigida por
el venido a menos Danny Boyle, en 1996). En medio del público
de aquel recital, un joven llamado Tony Wilson recibe la
inspiración para gastar todos sus ahorros en el montaje
de un sello discográfico, que iba a convertirse en
el mítico Factory Records.
La historia de Factory es real, y comienza cuando Tony
Wilson inicia una búsqueda de grupos que posean la
capacidad de generar una especie de "culto". Así,
llega hasta Joy Division, legendaria y oscura banda que
se disuelve en 1980 debido al inesperado suicidio de su
vocalista, Ian Curtis (considerado un genio en la ciudad),
a los 22 años.
El grupo había editado su primer disco, el EP "An
Ideal For Living", en junio de ese año, a través
de su propio sello independiente, llamado Enigma, (fueron
5 mil copias). Pero, por diversas razones, el lanzamiento
pasa inadvertido para el grueso de la escena.
Al poco tiempo, y gracias a Rob Gretton, manager de la
banda (antes era el DJ del Club Raffer, donde conoció
a los muchachos), conocen a Tony Wilson, entonces reportero
de televisión y luego conductor del programa de televisión,
"So It Goes", y que se había impresionado
por la propuesta del grupo.
Wilson tenía un socio, Alan Erasmus, manager del
grupo Durutti Column, con el que organizaban tocatas para
su propio local, The Factory. El éxito de su programa
de TV y del club los llevó a lanzarse a la aventura
de armar un sello discográfico. Joy Division se convirtió,
de esta forma, en el primero de sus artistas contratados.
Lo primero que edita Factory Records es el EP doble llamado
"Factory Sampler", en diciembre de 1978, donde
se incluyen dos temas de Joy Division: "Glass"
y "Digital", junto a otros interpretados por Cabaret
Voltaire, Durutti Column y John Dowie.
Quedaba inaugurada una época de locura y creatividad
para Manchester (muchos la iban a a llamar "Madchester")
en la que se imponía como bandera de lucha la calidad.
Claro, los ideológos de Factory se alzaban como los
defensores de aquello y entregaban el mejor material posible
a su público,
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tanto
en en lo que se refiere a sonido, como en gráfica y
soporte físico (en eso también innovaron notablemente).
Pero, lejos lo más importante, fueron los nombres que
se sumaron a la etiqueta Factory:
Happy Mondays: provenientes
del noroeste de la ciudad, aparecieron en 1984 y desde un
comienzo tuvieron un carisma bastante imprudente, que llamó
la atención de los fans y de Tony Wilson. El reconocimiento
nacional llegó con su segundo LP "Bummed".
James: considerados los "segundos Smiths", su primer
sencillo fue "Jimone", editado a través del
sello Factory en 1984, seguido de "Village Far".
Tim Booth en voz , Murry Gott en guitarra, Jimmie Glennie
en bajo y Gavan Wheelan en batería era su formación
original.
New Order: los sobrevivientes de Joy Division, encabezados
por Bernard Summer, se volcaron a este proyecto, cuyo single
"Blue Monday" se convirtió en el disco de
12" más vendido de la historia del Reino Unido..
"Madchester" floreció al alero de una serie
de grupos que tenían algo en común, un carácter
que mezclaba sonido e idiosincrasia (muy inglesa, por cierto).
Este fenómenos supuso la unión entre la música
indie y el dance/house.
The Hacienda, una mítica discoteque inaugurada en
mayo de 1982 y propiedad de la gente de Factory, fue el epicentro
de esta amalgama cultural y donde ocurrieron las primeras
"raves", con el concepto con el que hoy las entendemos.
The Smiths, Madonna, New Order y hasta Oasis alcanzaron a
tocar en el legendario edificio que cerró el 28 de
junio de 1997, abrumado por las deudas.
En el libro en que se basó "24 hours party people",
escrito por el propio Tony Wilson, él señala:
"el sello fue construido sobre un anárquico sentimentalismo
acerca del rol del arte popular". Para el '92 esa idea
se derrumbaba a ritmo acelerado. La carta de salvación,
que podría haber sido un nuevo álbum de New
Order, nunca llegó. Hoy sólo queda la nostalgia
por los buenos tiempos, la que se ha plasmado en el celuloide,
en una idea apoyada por el propio Wilson: la reconstrucción
ficticia de los acontecimientos.
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