Todavía
se recuerda en Chile la polvereda que levantó la posible
venida de Iron Maiden, en lo que hubiese sido el debut del
grupo británico en nuestro país. Las siempre
poderosas voces de la iglesia se hicieron sentir, y de manera
fuerte, para impedir lo que -según ellos- era la actuación
de un grupo de rock que le "rendía culto al diablo".
Los señores de sotana color burdeos se salieron
con la suya aquella vez, aunque -y tal como la historia
de "La última tentación de Cristo"-
años más tarde Iron Maiden iba a poder presentarse
sin problemas en nuestro territorio (una vez sin y otra
con Bruce Dickinson).
Por esos años la cultura del metal había crecido
de manera notable, aunque en la superficie eso no se notaba.
Por eso no hubo polémicas con la venida de grupos
de la corriente más dura del metal, el death.
"Yo no sé qué sacaron los curas con
reclamar tanto por los Maiden, si ahora nadie dice nada
por Deicide. Y ellos sí que son satánicos",
me explicaba un amigo por aquellos años. Lo cierto
es que Deicide (o Deicidio, "muerte de dios",
para ser más explícitos) finalmente no se
presentó en Chile pues su líder, Glen Benton,
no llegó.
Benton era el mismo que había dicho acerca de su
grupo "Nosotros somos la espada de Lucifer".
Sin embargo, hubo un puñado de bandas representativas
del estilo que sí llegaron a este lado del mundo,
y con tremendo éxito: entre ellas Kreator (la que
abrió este tipo de eventos y se repitió el
plato), Death (piedra angular del movimiento), Cannibal
Corpse, Morbid Angel y Napalm Death.
Pero, ¿de qué se trata el llamado death metal?
En la época de su génesis (comienzos de los
años ochenta) muchos lo tildaron de "ruido inaudible",
mientras otros comenzaban una idolatría que no se
detiene hasta hoy.
Algunos citan como "primera piedra" del movimiento
al grupo británico Venom, cuyo disco de 1982, "Wellcome
to the hell", generó sentimientos encontrados.
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Allí
estaba la raíz del género: sonido oscuro, a
veces terrorífico, guitarras graves, un ritmo más
bien lento (en comparación a estilos "hermanos",
como el speed, o el thrash) y, sobretodo, una voz gutural,
ojalá lleana de gruñidos.
Para otros, el verdadero death metal surge más adelante,
con la formación del grupo Mantas, en 1983. Tras este
proyecto estaba el señor Chuck Schouldiner, junto a
sus amigos del colegio en Florida, Rick Rozz y Kam Lee, formación
que llegó a grabar sólo algunos demos. Esto
porque Schouldiner decidió que las mejores perspectivas
estaban en San Francisco, lugar al que emigra sin sus compañeros,
quienes prefieren quedarse y armar el grupo Massacre.
A Schouldiner le esperaba una idea que iba a ser leyenda.
Es en el año 1985 cuando invita a Chris Reifert y a
John Hand a formar una nueva agrupación, cuyo nombre
inauguraría un nuevo estilo: Death. El grupo edita
su primer disco para el sello Combat: "Scream bloody
gore", pero cambia sus integrantes en 1988, cuando Schouldiner
se reúne con sus viejos partners para editar "Leprosy",
el más clásico de los álbumes de la corriente
death.
Quedaban entonces echadas las bases para una generación
de grupos que daría que hablar. Entre los más
famosos se ubicaron los mencionados Deicide, más que
nada por su vinculación explícita con el satanismo,
en torno a la que se tejían las más increíbles
historias (como la de un pacto secreto entre sus integrantes
y el Diablo).
Si dichas historias son ciertas, queda a criterio
de los oyentes. Respecto a lo estrictamente musical, el death
está en estado de hibernación. Su originalidad
y el virtuosismo de sus músicos lo hicieron ganarse
un lugar importante en la historia del rock. Aunque a muchos
ni siquiera se les pase por la cabeza creer que "eso
es música". Hay para todos los gustos.
Por Rodrigo Toledo
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