La cumbia debe ser uno de los ritmos más populares
en Chile. Un sinónimo de fiesta, matrimonio, Año
Nuevo y la causa de una polémica repetida respecto
a nuestra verdadera identidad folclórica.
¿Porqué en las fondas dieciocheras se baila
cumbia? ¿Y en los matrimonios? ¿Y en cualquier
parte donde haya comida, alcohol y ganas de pasarlo bien?
La cumbia está arraigada en la idiosincrasia chilena
tal como lo están los pitutos, las gauchadas o la
cimarra. Aunque todos tenemos claro que es un ritmo que
no nos pertenece por origen, si lo consideramos nuestro
por adopción.
Como deben saber, la cumbia nació en Colombia, de
la conjunción de tres culturas: la africana, la indígena
y la europea. La primera puso los tambores, la segunda los
vientos y la melodía (a través de flautas
de cañas) y la última algo del baile, la vestimenta
y algunas variaciones en la melodía. Aunque toda
esta división es bastante relativa, si pensamos que
nunca existió un "alguien" que dijera:
a ver, pongamos algo de acá, esto de allá...
El vocablo "cumbia" parece ser la derivación
de varias voces de la Colombia "negra": cumbé,
caracumbé, paracumbé y la cumbancha. Y es
en esas mismas zonas del país cafetero donde se supone
se forjó lo que hoy entendemos como cumbia, seguramente
-hipotetizan algunos autores- cerca de la costa Caribe colombiana.
Como chilenos, tenemos la imagen de una cumbia interpretada
por nuestras populares "sonoras", las que deben
ser la parte más "chilena" del ritmo.
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Sin embargo, la estructura de
la banda que interpreta la cumbia estaba, en sus inicios,
conformada por una tambora (tambor de doble parche), un tambor
alegre (lleva la línea rítmica), un llamador
(marca el compás en contratiempo), un guache (maracas)
y la denominada "flauta de millo" (encargada de
la melodía).
La cumbia se estructura en los clásicos 4/4, aunque
hoy hasta eso parece ser parte del pasado. Esto porque de
su sonido original han surgido numerosas vertientes entre
las que podemos contar, incluso, el olvidado ritmo "sound"
o "bailanta", la cumbia "villera" argentina,
entre otros.
Para nosotros los chilenos la cumbia es sinónimo de
"sonora". Están la Palacios, la de Tommy
Rey, Giolito y su Combo, La Cubanacán (del desaparecido
Pachuco), por nombrar las más conocidas. Formadas por
entre siete y ocho integrantes, estas agrupaciones han impuesto
su propio esquema instrumental, en el que hay bajo eléctrico,
congas, timbales, bronces y teclados, y que se han hecho característico
de fiestas bailables de toda clase.
¿Es que la cumbia nos identifica mucho más
como chilenos? Esta pregunta abrió -hace mucho tiempo-
un debate que está todavía inconcluso en cuanto
al respeto que sentimos hacia el folclor propiamente chileno
y su popularidad entre nosotros. Mientras resolvemos estas
interrogantes, al parecer, seguiremos bailando cumbia hasta
el amanecer. ¿Debemos sentirnos culpables por ello?
Por Rodrigo Toledo
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