Que la cultura musical brasileña es riquísima
no es un misterio para nadie. Esto, en gran parte, por el
respeto que sienten los habitantes del vecino país
por su propia producción artística y por quienes
están detrás de ella.
Pero este mismo apego a las raíces hace muy difícil
el cambio, la evolución. Para que haya una transformación
debe existir un proceso prolongado, discutido, analizado.
Como el que hubo para la irrupción del bossa nova,
a mediados del siglo pasado, y que llevó a este ritmo
a convertirse en el más popular de un momento especial
en la historia de Brasil.
La sociedad agraria predominante durante la primera mitad
del siglo XX estaba dando paso a una industrializada, y
las consecuencias de ese cambio -al que incluso podríamos
llamar paradigmático- se vieron reflejadas en la
producción cultural, léase la nueva arquitectura
de la ciudad de Brasilia, el llamado "Cinema nuevo"
y nuestro tema del día de hoy: el bossa nova.
Varios fueron los hechos que marcaron la génesis
del movimiento conocido como bossa nova. El primero de ellos
fue la grabación de la canción "Copacabana"
(compuesta por Joao de Barros y Alberto Ribeiro) por parte
del músico norteamericano Dick Farney. Esto sucedió
en el mismísimo Brasil, en el año 1946. En
su lectura para este tema, Farney olvidaba el ritmo original
de samba cambiándolo por una nueva cadencia, sin
uso del pandero. Fue grande su impacto, esencialmente en
los estratos medios de la sociedad.
En 1948, otra samba, "Nova Ilusao" (de José
Menezes y Luis Bittencourt) es adaptada por el grupo "Os
cariocas" con originales arreglos vocales e instrumentales.
Pero fue Jenny Alf, un compositor de Río de Janeiro
cuyo nombre original era Alfredo José Da Silva, quien
terminó de delinear las características de
lo que se iba a llamar bossa nova.
|
Influenciado notablemente por
el jazz norteamericano, específicamente por el be bop,
Alf cambia la marcación rítmica, echando mano
a la espontaneidad del piano en función de la armonía.
Nombres nuevos, como los de Elizete Cardoso, Antonio Carlos
Jobim, Billy Blanco o Vinicius de Moraes, se tomaron por asalto
el ambiente musical, en una suerte de efervescencia artística
que, como mencionábamos, estaba inserta en el contexto
país. Por esa época, el Presidente Juscelino
Kubitschek estimulaba el nacionalismo, encarnado en la nueva
capital, Brasilia, construida en tan sólo cuatro años.
El año que se reconoce
como el de nacimiento oficial del bossa nova es 1958. Esto
porque dicho año aparecen dos vinilos históricos,
firmados por el guitarrista Joao Gilberto. Uno, con composiciones
de Jobim, Moraes y propias, y otro sólo con temas propios:
"Desafinado" y "Obla la la".
El primer disco propiamente tal editado por Gilberto contó
con la participación de Antonio Carlos "Tom"
Jobim y en él se podían apreciar señales
de revolución rítmica mucho más concretas,
las que muchos atribuyen a la afición de Gilberto por
el jazz de la costa oeste de EE.UU., personificado en Shorty
Rodgers.
La otra gran "frescura" que trajo el bossa nova
tuvo que ver con las letras. Durante mucho tiempo estuvieron
dedicadas, en general, a temas e historias más bien
triviales. La bossa incorpora la poética en toda su
magnitud, llenando de metáforas la música popular
brasileña. Clave en esto fue la labor de Vinicius de
Moraes, poeta, gran amigo de Tom Jobim, con quien conformó
una dupla inmortal, responsable de la canción más
grande de la bossa nova, "Garota de Ipanema".
Sucedieron a la bossa varios movimientos liderados por jóvenes
que crecieron bajo su influjo: el tropicalísimo, la
canción protesta, y otros, de los que seguiremos hablando
más adelante en "Raíces".
Por Rodrigo Toledo
|