Corrían los años cuarenta cuando Nashville
era el epicentro de la música country. Los sonidos
ligados al country están en proceso de cambio. La
búsqueda tiene que ver con la diversión, el
entretenimiento, la fiesta, y el alejamiento de las formas
tradicionales.
Con ese espíritu es que nace el bluegrass, que tiene
muchas cosas en común con el rockabilly (especialmente
en la forma: el tempo, los solos, el bajo), pero con motivos
muy distintos. No había en el Bluegrass la rebeldía
del otro estilo. Las letras provenían de fuentes
bien tradicionales.
El Bluegrass siempre se tocó con instrumentos acústicos,
pero no por algo premeditado, sino por una cosa circunstancial
(no se conocían). De todas maneras, esta costumbre
pasó a formar parte de su propia identidad.
La típica banda de Bluegrass estaba compuesta por
un banjo (de cinco cuerdas), una guitarra, violín,
mandolina, dobro (suerte de guitarra metálica “resonadora”)
y bajo. Algunos músicos pioneros del estilo incorporaron
también cucharas, huesos, artesas (de lavar), armónicas
e incluso acordeón.
El instrumento intrínsecamente rítmico del
Bluegrass era la guitarra, por lo que la labor del bajo
era acentuar ese mismo beat. Sobre estos dos cimientos se
contruía toda la estructura melódica de las
canciones. No era nada de raro tampoco la aparición
de una segunda guitarra que llevara el peso del ritmo mientras
la otra “soleaba”.
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“Bluegrass” es un
término originado en el nombre de un grupo liderado
por Bill Monroe. Se llamaba Bill Monroe y los Blue Grass Boys
(Art Wooten en violín, Amos Garen en bajo y Cleo Davis
en guitarra) y consiguió su oportunidad de saltar a
la fama a través de una audición en los estudios
de la compañía National Life Insurance, en 1939.
Bill Monroe se “creía el cuento”, literalmente,
y anticipó a los ejecutivos que iban a escucharlo que
“tocarían música folclórica como
debe ser”. La rueda de su éxito comenzaba a girar
con fuerza, pues consiguieron el contrato que esperaban.
El grupo, reformado por Monroe, se consolidó durante
la década del '40 , con innumerables grabaciones, entre
las que se destacan las de 1946 y 1947. Era la “declaración
de principios” del Bluegrass (que ya había comenzado
a ser llamado así).
El estilo se solidificó en los llamados “Años
Dorados” de los '50. En ese período hubo una
lista interminable de músicos que se adentraron en
su sonido y le dieron su toque personal. Incluyendo, una vez
más, al “Rey”, que grabó “Blue
Moon of Kentucky”, una composición original de
Bill Monroe. Como para que no se dude de su trascendencia.
Ni la del estilo, por cierto.
Por Rodrigo Toledo
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