El concepto de "space rock" o "rock espacial"
comenzó a gestarse allá hacia finales de la
década de los sesenta, algo después de la
explosión sicodélica, como un digno heredero
de esa misma tradición de buscadores de "atmósferas".
Es música hipnotizante, cuyo parangón con
el espacio es sencillamente la sensación de volar,
o de pasar a otro estado. Las texturas son las principales
protagonistas en las composiciones de este tipo, en que
las letras apenas se distinguen, más bien sugieren
y provocan el efecto de sumergirnos en su encanto.
Decíamos que a fines de los '60, principios de los
'70, un importante número de bandas, inspirados,
o luego de haber pasado por la psicodelia, hurgaban en las
posibilidades de exploración que les daban guitarras,
teclados y sintetizadores, jugando a atravesar sus límites.
El mismísimo grupo llamado Pink Floyd es sindicado
como el iniciador de esta experimentación sonora,
en los discos que sucedieron a su sicodélico nacimiento.
Había en la época, eso sí, otras bandas
que se habían "especializado" en este estilo.
Como Hawkwind, que serían la "punta de lanza"
para el surgimiento de sus nuevos cultores. Ellos, y todos
los demás (grupos como Ozric Tentacles, Ship of Fools
o Quarkspace), cabían bajo la clasificación
mayor de "rock progresivo", cuestión que
más adelante se iba a perder.
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Sí, porque el space rock
se erguiría como un género con identidad propia
luego de la alucinante experiencia shoegaze de principios
de los '90. My Bloody Valentine, Ride y antes The Jesus and
Mary Chain pusieron de moda el llevar la música al
extremo. Entonces, fue el momento ideal para la resurrección
del space, a través de dos nombres notables: Flying
Saucer Attack y Spaceman 3 (proyecto que luego devendría
en Spiritualized).
Ellos vinieron a renovar el antiguo concepto space con nuevos
recursos tecnológicos y estilísticos, sorprendiendo
a la crítica. El álbum "Ladies and Gentlemen,
we are floating in space", de los británicos Spiritualized,
incluso, fue incluido en la lista de los cien mejores discos
de la historia del rock, por las revistas especializadas.
En esa placa encontramos los elementos fundamentales del
space: voces apenas perceptibles, guitarras distorsionadas
a tope, teclados atmosféricos, varios sonidos indefinibles,
y un ritmo hipnotizante que raya en la repetición.
Sonoramente, sorprendente.
A días de presenciar un nuevo eclipse de luna desde
nuestro país, el space representa una vuena alternativa
para acompañarse en tan único momento. Les garantizamos,
al menos, el ambiente ideal para acercarse al cielo. |