Chilena ¿de corazón?

Tiqui Tiqui Ti
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"20 Cuecas con salsa verde Trío Los Parra", Roberto Parra
"Las Cuecas del Tío Roberto", Roberto y Angel Parra.
"Los Tiempos de La Negra Ester", Roberto Parra
"El Jazz Huachaca", Roberto Parra.
"La cueca captalina”, Los Santiaguinos
"Cueca urbana”, Los Santiaguinos
"El canto de la tierra", René Inostroza
"Entre arado y canto", René Inostroza

 

 



 
     
La "danza oficial de Chile" sólo adquirió dicha calidad hace 24 años. Ahora, su presencia en nuestro país se remonta a principios del siglo XIX, aunque su origen ha sido motivo de diversas teorías.

 
     

"Voy a pegarme un buen bailoteo en las ramadas...un par de cuecas, unas cumbias, lo que venga", dice alguien por ahí, y vuelve a poner en el tapete un tema que ya ni da para discusión. La cueca representa, al menos, una parte de nuestra identidad, dentro de un espectro heterogéneo que a veces confunde.

No podíamos sino remitir, en estas fechas, a nuestro baile nacional, para recordar su origen, hablar de sus formas y, por supuesto, analizar el papel que le corresponde en nuestra sociedad.

Somos animales de costumbres, los chilenos. Y relacionamos ciertos actos de nuestra "nacionalidad" con fechas específicas, sin preocuparnos por el resto del año. La empanada, el volantín, la chicha y la cueca es para el 18; el cola de mono para la Navidad; el pescado y los mariscos para la Semana Santa. Y así, sucesivamente, un montón de "normas sociales" asumidas por traspaso generacional y que son una limitante para la demostración de nuestra identidad.

Vicuña Mackenna (sí, el mismo de la calle) postuló en su tiempo, y en su calidad de historiador, que la cueca provenía de África y era una derivación de una danza llamada "Lariate". Este manifestación habría estado presente a principios del Chile independiente, debido a la presencia de esclavos africanos en lo que es hoy la Quinta Región.

Otro musicólogo, como Carlos Vega, señaló como cuna de la cueca las tierras peruanas, donde se habría bailado su "antepasado", la zamacueca. El profesor Pedro Allende, en cambio, asimila los movimientos y ritmos cuequeros a la fusión de elementos árabes e hispanos.

Algunos han planteado la similitud de la cueca con el "devaneo amoroso" entre el gallo y la gallina, basado en un continuo rodeo de entusiasmo creciente.

Lo que sí está claro es que la cueca se asimiló como un baile popular en Chile en los años de lucha independentista, pero fue perdiendo su arraigo masivo entre la población con el correr de los años.

Al principio, la cueca era de salón, y se interpretaba con arpa y guitarra. Pronto se iban a incorporar la "cantora" y las "percusiones" (que no eran más que sencillos golpeteos en la caja de la guitarra).

 

En general la cueca tiene una estructura en base a 14 versos, divididos en tres partes: cuarteta, seguidilla y remate. Existen en su texto las llamadas "muletillas" o "ripios" (alla vá, alla vá, por ejemplo), que son inventadas por los propios intérpretes y a veces se incorporan a la letra "oficial".

La medida de la cueca suele ser de 6/8, sin dejar de lado la de 3/4, con la que algunas veces se alterna. Hay en un "pie de cueca" entre 40 y 60 compases y un esquema clásico de antecedentes-consecuente en sus frases.

Armónicamente, la cueca propiamente tal posee la relación Tónica-Dominante con predominio de tonos mayores. Son otras vertientes de la cueca, como la brava, las que utilizan los menores.

Porque de que hay derivaciones de la cueca, las hay, y muchas. Están, por mencionar primero las más conocidas, las llamadas "cuecas choras", popularizadas por el fallecido Roberto Parra y rescatadas por el grupo Los Tres, durante la década de los '90. Se trataba de cuecas porteñas, "arrabaleras", en los que reinaba el mundo de la prostitución, de los bares y las escaramuzas.

La "cueca brava" exacerba esta temática, incorporando cuchillos, sangre e historias sórdidas. Otras cuecas que podemos nombrar son: la campesina, la larga, la valseada y tantas otras como contextos la albergan.

Cueca, baile nacional por decreto, comparte su lugar en las ramadas con la cumbia, el sound y el merengue. El resto del año hiberna, al menos en los sectores más urbanos del país, a la espera de una fecha que justifique su recuperación. Por suerte, los folcloristas no se han cansado de ella.

Es septiembre, y dedicamos "Raíces" a los ritmos criollos, a los que representan la identidad de la población menos "afectada" por la globalización. Comenzamos con la cueca, y seguiremos la próxima semana con la música andina.




Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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