Hay lugares que por cuestiones circunstanciales o razones
misteriosas se convierten en fuente de notables experiencias
artísticas. Está el caso de Chile, por ejemplo,
y su manido -pero que no deja de ser cierto- mote de "País
de poetas".
En el caso de la música, los ejemplos son muchos.
Y hoy queremos detenernos en uno bien particular, debido
a las condiciones extremas -de aislamiento y clima- que
lo caracterizan.
Islandia es una isla en el Océano Atlántico
al noroeste del continente europeo, justo debajo del círculo
polar ártico, mide unos 103.000 Km² de superficie
y tiene una altura media de 500 metros. Más del 11
% del País está cubierto por los glaciares,
entre ellos el Vatnajokull, que es el más extenso
de Europa. La población de Islandia es de casi unos
277.906 habitantes, cuya mayoría se concentra en
la capital, Reykjavik.
Islandia es una república constitucional que consiguió
la independencia de Dinamarca ¡recién en 1944!
Esto, a pesar de poseer una identidad y una cultura ricas
y distinguibles.
Pero vayamos al tema que nos reúne hoy: la música
popular en Islandia. No podríamos hablar de este
pequeño "fenómeno", sin mencionar
a su personaje central, Bjork Gudmundsdottir.
Esta niña nacida en 1965 grabó su primer
disco a los 11 años, el que fue un éxito en
la isla. "Me prometí a mí misma que nunca
firmaría nada a menos que no lo hubiese hecho yo
misma", dice ahora Bjork respecto a ese debut en el
que no compuso un solo tema.
A la edad de 13 años comenzó su periplo por
varias bandas, emparentadas por su estilo punk. Primero
fue Exodus, luego Tappi Tikarrass, más tarde K.U.K.L.
En 1986, junto a sus amigos músicos Siggi Baldurson,
Bragi Olafsson, Thor Eldon, Fridrik Erlingsson, Einar Orn
y Eina Melaz formaron una nueva banda, llamada the Sugarcubes.
"Birthday", fue su primer sencillo, en el que
trapasaron un sentimiento post-punk con notorios toques
de experimentación sonora
Los Sugarcubes, con su repercusión a nivel internacional,
se convirtieron en embajadores de su país ante el
mundo. En 1992, tras 4 discos, se separaron, y Bjork comenzó
la notable carrera solista que ya hemos comentado en estas
páginas.
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La
popularidad de Bjork y de los Sugarcubes hizo girar la vista
- y los oídos- hacia lo que estaba aconteciendo en
la isla, lo que posibilitó la aparición, en
los noventa, de bandas interesantísimas.
En 1994, la unión del cantante y guitarrista Jón
Pór Birgisson y el baterista August Gunnarsson y el
posterior ingreso del bajista Georg Hólm da origen
a Sigur Ros, grupo que lidera la camada de música "indie"
de la isla. Ellos debutan con el álbum "Von"
("Esperanza"), de 1997, un verdadero "parto",
que finalmente fue editado por el sello local Smekkleysa.
Pero el verdadero "golpe" lo dieron con "Ágætis
Byrjun" su segunda producción, editada el 12 de
junio de 1999. Con él se llevaron todos lo premio a
la música de Islandia y se instalaron entre los más
vendidos por meses. Esto llevó a las "grúas"
extranjeras a fijarse en ellos, hasta que firmaron un excelente
contrato con MCA, que los publicó en EE.UU. y los llevó
de gira a América. Su status de banda "de culto"
se ha confirmado con su último disco, "( )".
Gus Gus es otra de los grupos que ha saltado la frontera oceánica
de Islandia. Formado por nueve miembros: Steph, Daniel Agust,
Biggi, Thorarinsson, Magnus Jonsson, Herr Legowitz, Hafdis
Huld, Stefan Arni, Siggi Kjartansson y Baldur Stefansson,
los intereses de cada uno van más allá de la
música, y cruzan el cine, el teatro, la fotografía
y otros.
"Polydistortion" fue su ópera prima, grabada
en sólo once días, y sólo porque se pospuso
una filmación de una de sus películas. Corría
1997.
La aparición más reciente y explosiva -para
la crítica, al menos- ha sido la de Mum, cuarteto formado
en 1997, por dos hombres y dos hermanas gemelas. "Yesterday
Was Dramatic Today is OK" (2000) y "Finally We Are
No One" (2002) son sus dos discos, caracterizados por
el sonido electrónico, atravesado por lo análogico
y las voces de las gemelas Krìstin-Anna e Gyda Valtysdòttir
(que, a todo esto, son las mismas que aparecen en la carátula
de un disco de Belle & Sebastian)
Como podemos ver, Islandia tiene lo suyo, y bastante. Rompiendo
con las fronteras naturales que les impone el territorio,
sus artistas se han abierto paso hacia Europa e incluso al
otro lado del Atlántico. Un ejemplo de que, a veces,
el talento sí triunfa.
Por Rodrigo Toledo
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