¿En qué estaba pensando cuando me alejé
de tí?, canta Jeff Teeedy en el tema que abre "Yankee
Hotel Foxtrot". El ex frontman de los míticos
Uncle Tupelo es el encargado, además de las letras,
de las guitarras, los teclados, los arreglos de cuerdas
y otros cuantos detalles de este disco, en que permanece
sólo su compañero Ken Coomer, baterista.
Wilco alcanza una nueva categoría con "Yankee
Hotel Foxtrot". Y es que más allá de
la frase que abre este comentario, el disco está
plagado de las mejores líricas que podamos encontrar
en los últimos tiempos.
Cosas como "Cada uno es un sol que se pone, edificio
altos que se agitan, voces asustadas que cantan canciones
tristes, tristes" ("Jesus, ect"); o "Me
gustaría saludar cenizas de banderas estadounidenses
y a todos los caídos yendo a llenar bolsas de compras"
("Ashes of american flags"), nos remiten al drama
de una nación (11 de septiembre de 2001) y hacen
las veces de memoria colectiva de lo ocurrido.
Y tras embarcarse en un tema tan escabroso vuelven con
sutileza al amor, como si en él pudiera
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encontrarse el consuelo (podría
ser de otra forma?): "Si pudiera, sabes que lo haría,
sólo tomar tu mano y entenderías que soy el
hombre que te ama" ("I'm the man who loves you").
La producción de Jim O'Rourke (un ícono de la
escena independiente, que hoy hace las veces de integrante
de Sonic Youth) se precipita detallista, llena de recursos,
y consigue extraer lo mejor de Wilco, su capacidad de generar
estados de ánimo en nuestras almas.
A las inefables guitarras acústicas, se suman secuencias
electrónicas, pianos y hasta bronces, cuando es necesario,
todo para guiarnos por un bucólico viaje por el corazón
de los Estados Unidos (sin ningún chouvinismo, por
cierto) y el de la humanidad.
Wilco es melancolía filtrada con elegancia, con fineza,
para aquellos oídos ansiosos de canciones con sentimiento
y una producción que no reduce lo espontáneo
de su sonido.
Una verdadera joya.
Rodrigo Toledo
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