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Puede ser parte de la leyenda o una simple
fábula para enganchar más con el público.
Pero la biografía de Scissor Sisters dice que se formaron
la noche previa al atentado de las Torres Gemelas y que, diez
días después, en el mismo cabaret en que el
grupo le pidió a Ana Matronic -la única integrante
femenina- que se les uniera, formalizaron su alianza con un
breve show para un centenar de personas.
Mucha historia ha pasado desde aquel inolvidable septiembre
de 2001. De partida, Scissor Sisters dejó los tugurios
de Nueva York y se sometió a un lifting musical que
trajo rápidas y evidentes consecuencias: se transformaron
en los preferidos del auditorio gay.
Y no es casualidad. Porque si algún factor positivo
tuvo el quinteto fue dar en el clavo con un segmento que,
hasta esa fecha, no tenía ídolos ni espejos
en quien mirarse en la recién horneada camada de nuevos
artistas. Si The Strokes había dado el puntapié
inicial para recuperar las fragancias más rockeras
que se cocinaban en Nueva York –mirando a padres espirituales
como Televisión y Talking Heads, entre otros-, una
cadena de bandas con instinto ochentero quiso sumarse a la
campaña por situar, otra vez, a Norteamérica
como el sitio de vanguardia de la música. Nombres como
Interpol, deudores de la frialdad reflexiva de Joy Division;
The Rapture, mezcla de funk poderoso y sonidos heredados de
The Cure; y LCD Soundsystem, dueños del carnaval perpetuo,
fueron el pasaporte que gatilló a la ciudad de los
rascacielos como el nuevo fulgor de estallidos creativos.
En ese escenario, Scissor Sisters hizo un par de muñequeos
perfectos. Transformaron la pausa y quietud del clásico
“Confortable Numb” de Pink Floyd en una bocanada
de música disco para mover pies y caderas y retomaron
una vieja tradición de las bandas gays: contar en cuatro
minutos historias que los identificaran con su realidad.
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El resultado fue perfecto. Elton
John los nombró como sus ahijados y Bono, el líder
de U2, dijo que era una de las bandas más alegres y
contagiosas que habían aparecido en el último
tiempo. Con ese apoyo y unas quinientas mil copias vendidas
de su bailable disco debut, su nuevo álbum, “Ta-Dah”,
tenía un camino pavimentado hacia el éxito.
Con altas expectativas, el disco refuerza las virtudes de
la banda y se aventura en una reflexión desconocida.
Desde el primer single, “I Don´t Feel Like Dancing”
–con el padrino Elton John como figura invitada-, Scissor
Sisters pulsa el botón del baile con un pastiche que
une plácidamente el funk con el dance y una propuesta
llamativa: un gay le pide a su pareja que se queden juntos
en la cama en lugar de salir a bailar.
Las demás canciones son un tobogán de estados
anímicos. “Paul McCartney” es un homenaje
a la estrella beatle en baja frecuencia, “She´s
My Man” perpetua en la locura discotequera y “Everybody
Wants The Same Thing” ralentiza las melodías
con naturalidad y gracia.
Es, en definitiva, un álbum interesante, diverso y
que cumple las expectativas.
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