La banda de aparición más fulgurante durante
2001, regresó al ruedo con un álbum que no
se aleja demasiado de su presentación (el aclamado
"Is this it?"), aunque aporta nuevos conceptos.
Está la misma actitud que llamara la atención
hace dos años, pero quizá pasada por el cedazo
de la experiencia.
Producidos otra vez por Gordon Raphael -luego de despedir
a Nigel Godrich (Radiohead, Beck, The Divine Comedy), tal
vez por temor a un cambio brusco- , el cuarteto neoyorquino
muestra un abanico nuevo de influencias, sin dejar de lado
su predilección por el sonido sucio de sus guitarras.
El mismo por el que se les comparara con bandas legendarias
como la Velvet Underground o Television.
Ska, pop, noise, blues y la aparición de varios teclados
que no habíamos oído en su debut, caracterizan
a este "Room on fire" que no aburre, durante sus
once canciones de duración, pero que tampoco euforiza
como lo hiciera el notable "Is this it?".
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¿Será que el genio
de su guitarrista, Albert Hammond Jr. se ha pegado un paseo
por un mundo nuevo? Puede ser, y a ratos acierta de manera
perfecta, como con su primer sencillo, "12:51",
una canción de melodía increíble y pegajosa,
y de video clip que rescata la esencia de la cultura pop (dirigido
por Roman Coppola, recrea el espíritu de la película
"Tron").
Baladas, canciones de gran intensidad, algunas que invitan
a bailar, incluso, conforman el universo de "Room on
fire". Uno que, de todas formas, es necesario descubrir.
Aunque a los "niños prodigio" del nuevo rock
todavía les quede una asignatura pendiente. Dicen que
una discografía completa, digna de ser analizada y
de trascender, está conformada por tres discos. El
¿problema? es que los Strokes ya lo habían conseguido
con uno solo.
Rodrigo Toledo.
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