Disco en vivo de los Smashing Pumpkins. Cualquiera podría
pensar que se trata de un registro de sus más grandes
éxitos -los de la época post "Mellon
Collie and the Infinite Sadness"- pero, para suerte
de sus más acérrimos fanáticos, se
trata de una fotografía de sus primeros años,
esos de "Gish" y "Siamese dream".
Eran años de efervescencia de un rock "distinto",
ese que los medios tildaron de "alternativo" y
que explosionó a través del "Nevermind",
de Nirvana, en 1991.
El cuarteto formado por Billy Corgan en guitarra y voz,
James Iha en guitarra, D'Arcy en bajo y Jimmy Chamberlain
en batería, aparte, representaba "lo alternativo
a lo alternativo", puesto que no habían nacido
en Seattle, no se vestían con camisas leñadoras,
y estaban más influenciados por The Beatles que por
Led Zeppelin.
Sin embargo, coincidían con sus contemporáneos
en la fuerza de su mensaje, expresado a través de
guitarras afiladísimas y una voz que tan bien podía
ser dulce como un grito desgarrador. La de Corgan, por cierto.
Si "Gish" (1990) había sido una muestra
oscura y visceral del sufrimiento interno,
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con
canciones como "I am one" (en una versión
de casi ocho minutos para este disco); "Siamese dream"
(1993) es la obra maestra de la sutileza y la dulzura hecha
canción (aunque con unos toques de furia). "Disarm",
"Today", "Soma" y, sobretodo, "Mayonaise",
son temazos dignos de un genio como el de Corgan. "Silverfuck",
"Quiet" o "Cherub rock", son deudores
de su furia.
"Earphoria" es un disco que suena en bruto, y se
agradece. O sea, nada mejor que traspasar al CD las ondas
de una época irrepetible sin los aderezos de la tecnología
o la intervención. Lo que hay aquí está
sacado del alma de un grupo que estará por siempre
en nuestra memoria colectiva (al menos en la de los mayores
de 24) y que fue parte del soundtrack de los años noventa,
de los chicos de la manoseada "generación X",
o "Y", lo que sea.
Billy y sus chicos ya no están juntos, pero están
sus canciones que, ojo, no fueron pocas, y alcanzan a satisfacer
nuestro corazón a veces ávido de nostalgia.
Bueno, si no alcanzan, ahí está Zwan, la nueva
apuesta del calvo compositor, que promete ganarse un lugar
importante en nuestras vidas.
por Rodrigo Toledo
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