Si alguna vez la pregunta ¿puede el rock llegar
a ser arte? requirió de discusiones, debates, conflictos
sin un final definitivo, hoy las posiciones están
mucho más cercanas. Y hoy en día sería
un despropósito para aquellos que alguna vez fueron
llamados “intelectuales”, desdeñar las
formas de música que no tienen nada que ver con lo
clásico.
Sería un pecado también ignorar las dimensiones
de “Hail to the thief”, el sexto disco (L.P)
de los británicos de Radiohead, a estas alturas,
una de las bandas más transversales del rock mundial.
Esto, porque su sonido encuentra seguidores desde los más
fieles al metal, hasta en los amantes de la balada más
melosa.
¿Qué tiene Radiohead que no tengan los demás
grupos? Antes que cualquier otra cosa, la capacidad para
componer canciones de calidad, bajo su propio sello. Luego
de eso, una consecuencia artística envidiable, sumada
a la permanente tendencia a evolucionar, han hecho del grupo
de Thom Yorke una máquina de “imaginar”,
pero con alma. Mucha alma.
Que son tan depresivos, que hacen puras canciones tristes,
cualquier crítica que se les pueda endosar parece
carecer de la sustancia necesaria para hacerlos tambalear.
Son ellos los que nos hacen tambalear con canciones como
“2+2=5” (que casi puso nombre al disco):
“it's the devil's way now / Es el camino del demonio
ahora
there is no way out / no hay una salida
you can scream and you can shout / puedes gritar y gritar
it is too late now / es demasiado tarde ahora
because you have not been / porque no has estado
payin' attention” / poniendo atención
Rabioso y desesperado discurso que se suaviza casi en seguida,
con “Sail to the moon”, temón de esos
estilo “Amnesiac”, con piano en un rol protagónico.
Las bases programadas aparecen en “Backdrifts”,
en que Yorke declama, sin filtros: “Somos fruta podrida”.
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“Go to sleep” es una
bella composición acústica, que a muchos (los
más viejos) traerá recuerdos de la época
del grunge (en el estilo Alice in Chains del disco “Jar
of flies”).
Pero lo que está sonando por estos días en
radio es el primer sencillo del disco, “There There”,
una acertada elección, en todo caso. Canción
de melodía recordable e instrumentación mínima,
es una buena muestra, aunque no representa plenamente el espíritu
del álbum.
Es que “Hail to the thief” (Algo así como
“Hurra por el ladrón”) sobrepasa latamente
los límites de lo que entendemos por música
popular. La lleva a otro nivel, como en alguna oportunidad
hicieran The Beatles o Pink Floyd.
“El arte es...cagarte de frío”, decía
un amigo, a la hora de discutir sobre este tema. Y no deja
de tener razón, al menos en esta oportunidad en que,
mientras afuera de nuestras casas arrecia el invierno, nuestra
alma descubre que el hielo no siempre hiela, que a veces provoca
el efecto contrario.
Dicho en palabras más simples: si a un conjunto de
artistas como son Radiohead, les cuesta menos serlo a través
de melodías tristes, bienvenido sea. Eso, mientras
sigan creando los inmensos álbumes que han hecho hasta
ahora.
“Hail to the thief” completa una trilogía
soberbia (junto a “Kid A” y “Amnesiac”),
un monumento/documento digno de ser desenterrado por nuestros
descendientes (si es que aún sobrevivimos como especie)
o por visitantes de otros universos, en unos cuantos miles
de años más. Y que a través de él
puedan comprender perfectamente nuestra naturaleza humana.
Rodrigo Toledo ...................................
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