¿Grunge? ¿Qué es eso?, podrían
preguntarse los que hoy apenas alcanzan los 15 años
y baten sus vidas entre Limp Biskit y System of a Down.
Claro, ya han pasado cerca de 12 años desde la explosión
del fenómeno (con el disco "Nevermind",
de Nirvana) y aquel sonido y postura yacen enterrados varios
metros bajo tierra.
Sin embargo, hay una banda que ha sabido reinventarse y
llegar con dignidad al tercer milenio. Ni más ni
menos que Pearl Jam, señores, que nos entrega este
año su séptimo álbum de estudio, producido
esta vez por Adam Kasper ("Vitalogy") y el varias
veces ingeniero del grupo, Brendan O'Brien.
Minimalistas, como ya se hecho una característica,
el quinteto (que se ha mantenido con su formación
original, excepto en la batería, donde hoy está
Matt Cameron, ex Soundgarden) hace otra vez un disco introspectivo,
como "Binaural", pero mucho más "amigable"
que aquel.
Con esto no quiere decir que uno asuma y tararee las melodías
de "Riot Act" con sólo una escuchada. Se
requiere, y es un gusto, volver a oír una y otra
vez las excelentes melodías que inundan este álbum.
Algo a lo que ya nos tiene acostumbrados el señor
Gossard, sobretodo.
"Hold me and make it the truth. / Sujétame
y haz que sea verdad
That when all is lost there will be you. / Cuando todo esté
perdido estarás tú
Cause to the universe I don't mean a thing. / Porque para
el universo no significo nada
And there's just one word / Y hay sólo una palabra
that I still believe and it's love. / en la que yo creo
y es amor
Love. love. love. love." / Amor.Amor.Amor.Amor
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Basta echarle un ojo a "Love
Boat Captain" para darse cuenta el momento que vive Vedder
junto a sus amigos y compañeros de banda. Si alguna
vez estuvieron deprimidos, hastiados del mundo ("Ten"),
hoy han encontrado la luz, la esperanza de refugiarse en lo
más sencillo y lo que menos notamos habitualmente,
el cariño.
Podrán pensar que se han puesto cursis, melosos o
inocentes, pero no se trata de eso. Al contrario, es la consecuencia
de una búsqueda que ha matizado la carrera de Pearl
Jam con álbumes que, a pesar de no tener demasiado
en común, están cruzados por un sonido ampliamente
reconocible.
Como en el cine de autor, en la música es posible
distinguir la "marca registrada" de ciertos autores.
Esto, cuando ya han superado la etapa de aprendizaje para
convertirse en maestros y referentes. Por eso nos parecen
tan coherentes sus video clips simples hasta decir basta,
por eso ya no necesitan publicidad.
Ojo con el uso del hammond y otros accesorios, que le dan
aún más vida a este disco, uno de los mejores
de la banda de Seattle, aunque con esta declaración
se les caiga el pelo a los puristas "grunge". Total,
ser artista es sinónimo de evolucionar, ¿no?
Rodrigo Toledo ...................................
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