"Play", el disco anterior de Moby, fue un éxito
comercial rotundo que vendió más de 10 millones
de copias alrededor del mundo. En vista de aquello, hubiese
sido fácil repetir la fórmula al pie de la
letra. Pero a Richard Melville (que así se llama
este calvo ex DJ) le gustan las cosas difíciles.
Es un músico, así con todas sus letras y,
a quien le quepa
alguna duda, que escuche "18" en forma inmediata.
De partida, hay que decir que el hombrecito este, vestido
de astronauta, interpretó todos y cada uno de los
instrumentos plasmados en el álbum. Claro, no compuso
todas las canciones, pero ¿qué más
quieren?, el tipo no es Superman, aunque podría considerarse
un héroe de la música de principios de milenio.
Ahora mismo estoy escuchando el track 8, "Fireworks",
una hipnotizante y repetitiva melodía donde se flirtean,
se enamoran y se funden un piano, un teclado y una flauta,
con sonidos extraídos de la experiencia onírica
de su autor. Son dos minutos apenas, y casi podrían
justificar la existencia de este disco.
Pero volvamos al principio, al single "We are all made
of stars", una canción bien "minimal",
pero con una característica "oreja" que
es todo su encanto. Le sigue la voz negra, gospel de Jennifer
Price sobre un beat más acelerado y un piano que
se acerca al house. Ya estamos en la pista, en trance. El
track 3, "In my heart" cuenta con el aporte vocal
de The shining light gospel choir; y un piano incesante
que me hace recordar un disco que estuvo en esta sección
hace un par de semanas, Lemon Jelly.
Azure Ray facilita su íntima y sensual voz para
"Great Escape", la reflexión y melancolía
en medio del desenfreno. "Signs of love" retrocede
al
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ritmo inicial y "One of
these mornings" remarca aún más esa vena
negra que cruza a esta disco por completo. Diane McCaulley
es la garganta elegida esta vez.
"Another woman" da vuelta, literalmente, algunos
sonidos, dándole un toque mucho más experimental
que todo lo anterior. Canta Barbara Lynn.
"Extreme ways" es más formal, sigue los esquemas
de un tema hecho para encender una noche de extásis.
Con "Jam for the ladies" saltamos de sopetón
al hip hop, aunque no parece un paso forzado. "Sunday"
está muy emparentada con algunas de sus antecesoras.
Tal vez demasiado.
"18" es instrospección instrumental y "Sleep
alone" sigue esa línea, pero con una escueta voz
de Moby, que calza perfecta con el espíritu de la canción.
El registro más agudo de Freedom Bremner Harbour se
asoma en "At least we tried" y "Harbour"
más parece un tema de banda "indie" de los
'90. El punto más alto del disco, sin duda, que más
encima cuenta con la voz de Sinead O'Connor.
"Look back in" es transición hacia el dance
de "The rafters" y "I'm not worried at all",
con el sello Moby, pone fin a un disco disparejo, no en calidad,
sino en emociones. Se agradece al señor Melville el
poner en nuestras manos un trabajo que de manera natural se
aleja de las planicies. Y no es exclusividad de los amantes
de la electrónica. Es de todos.
Rodrigo Toledo.
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