Inocencia. Esa es la primera palabra que se me viene a
la mente luego de escuchar "Fusión Natura",
disco del grupo isleño Matato'a. Esto, porque en
su sonido uno descubre una intención musical diferente,
algo difícil de explicar, pero que es su mayor capital.
Matato'a es un grupo de canto y de danza liderado desde
sus orígenes por su director, Keva, y que ha tenido
innumerables cambios hasta su actual formación: Haoa
(director artístico, voz, percusiones), Ariki (voz,
guitarra), Manu (voz, percusiones), Teave (voz, ukelele),
Mike (voz, guitarra), Pako (guitarra eléctrica, bajo),
Vovi Nui (teclados).
Todos pascuenses de origen, todos poseedores de esa capacidad
rítmica tan típica de la raza polinésica,
los músicos de Matato'a presentan en este disco doce
temas representativos de distintos matices, dentro de un
amplio estilo.
Ritmos que suenan a ska, a reggae, se suceden mientras
uno cae en la cuenta de que la cosa es al revés.
De que los ritmos procesados que nosotros conocimos provienen
primigeniamente de la polinesia, de la música hecha
por artistas como los que estamos escuchando en este disco.
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"Fusión Natura",
eso sí, no nos entrega la música en su estado
más natural, sino que pasada por el cedazo de la producción
"para público masivo", hecha en los mejores
estudios de Santiago.
Es cierto, como música "oreja" funciona
a la perfección, mas queda el gustito a poco en nuestros
pabellones auriculares, de que pudo ser mejor. O mejor dicho,
más puro.
Pero esto no es new age ni música étnica, es
pop. Y demuestra que los sonidos provenientes de la isla tienen
un amplio potencial en el ámbito comercial. Sin dejar
de lado sus raíces, sus instrumentos, entre los que
resaltan el ukelele y las percusiones, los muchachos de Matato'a
integran la guitarra eléctrica, apostando en el mismo
sentido que una vez hicieran Los Jaivas.
"Fusión Natura" suena inocente. Porque,
a pesar de todos los filtros, tras Matato'a uno descubre vida,
y música que aún no ha sido contaminada por
occidente. Y que puede representar un baño de frescura
para nuestros oídos.
Rodrigo Toledo
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