Con sus canciones llenas de quiebres, sus inesperados toques
de “feedback”, sus voces lacónicas, sus
letras inspiradas en la literatura, Pavement se consolidó
en los ’90 como una de las bandas más importantes
del movimiento underground estadounidense. Es más,
junto a Sebadoh fueron los líderes de la corriente
“lo-fi” (baja fidelidad) que dominó la
escena indie de EE.UU. a principios de la década
pasada.
Inicialmente, Pavement había sido concebido como
un proyecto exclusivamente de estudio, ideado por los amigos
y guitarristas Stephen Malkmus y Scott Kannberg. Pero con
el correr el tiempo dicho proyecto se fue transformando
en una sólida banda que sorprendía a la crítica
con cada disco y que contaba con un grupo importante de
seguidores.
El grupo alcanzó a editar siete álbumes:
“Slanted & Enchanted” (1992), el EP “Watery,
Domestic” (1992), “Westing (By Musket &
Sextant)” (1993), “Croocked rain, croocked rain”
(1994), “Wowee Zowee” (1995), “Brighten
the corners” (1997) y Terror Twilight (1999), además
de varios singles. En 1999 se precipita su separación,
atribuida por sus integrantes al desgaste y la rutina.
Malkmus encontró prontamente un recipiente para
su inspiración, tocando nuevas canciones junto a
Kim's Bedroom, un proyecto que incluyó a Kim Gordon,
de Sonic Youth y a Jim O'Rourke. Sin embargo, sus inquietudes
iban por plasmar en un disco solista todas las ideas que
rondaban por su cabeza.
Así es como el año pasado se editó
su debut homónimo, una placa en la que ejecuta casi
todos los instrumentos (bajo, guitarra, teclados, sintetizador
y voces) a excepción de baterías y percusiones,
a cargo de John Moen. Este último pasó a ser
el baterista oficial de la banda soporte de Malkmus, The
Jicks, en la que participan además Michael Clark
(guitarra), Joanna Lee Bolme (bajo) y John Kenneth Moen
(batería).
Pero hablemos de aquel disco. De partida hay que decir
que contiene 12 canciones, todas compuestas por el ex líder
de Pavement, y fue considerado uno de los mejores lanzamientos
del año pasado.
En cuanto al sonido, Malkmus no se desvía diametralmente
del trabajo que ya le conocíamos junto a su anterior
banda. Quizá si hay una especie de retorno hacia
el Pavement de mediados de los noventa, o más bien
a lo que hacían las bandas de indie en general en
esa época.
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Tiene mucho de diversión
este disco: “Phantasies”, por ejemplo, está
llena de ruiditos, de voces, que hay que ir descubriendo de
a poco a través de los audífonos. Y están
esas voces con falsete que tanto agradan a Malkmus y que casi
eran una marca registrada de Pavement.
“Jo Jo’s Jacket” es el tema más
Pavement del disco. Están presentes esos acordes de
guitarras tan característicos y esa distorsión
controlada, pero sucia al fin y al cabo, del lo-fi.
La melancolía aparece en “Church on white”,
con un par de bellas guitarras (ojo que una va por cada output)
que se cruzan, se entrelazan y conjugan una tremenda canción.
“The Hook” lleva un tempo reposado en el que resaltan
aún más las excelentes melodías vocales
de Malkmus y percusiones varias.
“Discretion Grove” es más rockera, por
rasgueo y sonido de guitarra. “Troubbble” es corta
pero completa instrumentalmente hablando. Al esquema clásico,
Malkmus agrega vibráfonos, sonidos electrónicos,
y varios etc.
Con “Pink India” vuelve el ritmo más reposado
y con “Trojan Curfew”, la nostalgia, en una hermosa
canción con piano y guitarras con harto slide, muy
americanas. En “Vague Space” asoma un teclado
hammond y algunos sonidos polinésicos.
“Jenny & the Ess-dog” hace una crítica
irónica sobre las relaciones amorosas, refiriendo a
una chica adinerada y mencionando Volvos y teléfonos
caros.
El tema que cierra el disco, “Deado”, merece
un párrafo aparte, pues en él se resumen todas
las virtudes de un compositor talentoso como Malkmus. Parece
una melodía que hemos escuchado muchas veces antes,
pero no es así. Juega con los ritmos y con la inclusión
sorpresiva de ruidos y voces.
Para fanáticos de la música de Pavement, este
disco debe haberse convertido en un clásico inmediato.
Para quienes no conozcan a la banda, este disco puede resultar
una muy buena manera de acercarse a él. Aunque mucho
mejor sería ir a ver su recital de este viernes en
el Teatro Novedades el cual, a pesar del precio –y como
decía un comercial antiguo-, es “un deber que
vale la pena cumplir”.
Rodrigo Toledo ...................................
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