Mal le fue a Bruce Dickinson durante su etapa solista.
Tampoco Iron Maiden fue lo mismo durante su ausencia, y
su reemplazante, Blayze Bayley, nunca conformó completamente
a los fanáticos. Pero, con el regreso de su voz y
su segunda guitarra (Adrian Smith) más clásicas,
en 1999, el grupo inició una gira y editó
un nuevo disco, “Brave New world” (2000), que
devolvió el alma perdida a la “doncella de
hierro”
“Rock in Rio” fue registrado en el marco de
dicho festival, el 19 de enero de 2001 y es una placa a
la altura de los Maiden, es decir, grandiosa. La introducción
marca la pauta del sonido del disco. Coros en el estilo
“Carmina Burana”, de Orff, abren los fuegos
de una noche monumental.
Todo se confabula para hacer memorable esta grabación.
Astutamente, Maiden escogió su concierto en Brasil,
donde es sabido el fanatismo que despiertan y la devoción
de sus habitantes por el metal. Eso se traspasa los audífonos
(o parlantes, según sea el caso) y nos traslada al
centro de una multitud que delira, que corea, que grita.
Tras la pequeña intro, aparece toda la fuerza de
tres guitarras afiladísimas (la de Adrian Smith,
la de Jenick Gers y la de Dave Murray) un bombo, el de Nicko
McBrain, que debe haber sacudido a Río de Janeiro
y el bajo siempre preciso de Steve Harris, en “The
wicker man”, tema de su último trabajo, que
todos corean: “Your time will come...”. Parece
ser que Bruce Dickinson (o debiera decir Dorian Gray) conserva
su voz incluso mejor que antes. Esos agudos increíbles
y emocionantes a la vez, siguen en su lugar.
En el sexto surco asoma el primer clásico de clásicos,
“2 minutes to midnight”. “Scream for me,
Brazil!!!”, grita un ensimismado Dickinson, con el
riff de guitarra de fondo. Uno de los momentos más
intensos del recital, sin duda.
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Iron Maiden todavía conmueve
con sus historias épicas y el virtuosismo de sus músicos.
“Blood brothers”, por ejemplo, es un tema relativamente
nuevo, pero lo tocan en una versión de 07:15 minutos.
Y todos se comprometen con el mensaje. Es una receta que no
pasa de moda. Una apuesta segura al rock de siempre.
El segundo disco abre con “Dream of mirrors”,
otro tema nuevo, de 09:37 minutos. “Have you ever felt...The
future is the past...” recita-grita Dickinson junto
al bombo. Luego lo acompañan las guitarras, y los aplausos
del público.
Pegaditos, tres temas con los
que muchos crecieron durante los ochenta y noventa: “Fear
of the dark”, “Iron Maiden” y “The
number of the beast”, el hit más importante de
su carrera. Cierra el disco la apocalíptica “Run
to the hills”.
Cabe destacar que la produccción estuvo a cargo de
Kevin Shirley (quien también mezcló la placa)
y el hombre-orquesta que es Steve Harris, músico, compositor
y arreglador, el “cerebro” de Iron Maiden.
Este es, simplemente, un disco que no puede faltar en la
discoteca de un fanático del metal. Y de Iron Maiden,
sobretodo. “Rock in Rio” incluye 21 canciones
divididas en dos compactos, cada uno de los cuales lleva,
además, dos video en soporte Quicktime. El primero
es “Brave new world”, en vivo, en el recital.
El segundo se llama “A day in the life” e incluye
imágenes de su pasada por el aeropuerto de Santiago
(Chile fue la parada anterior a Brasil). Y un dato freak:
Nicko McBrain aparece leyendo el comentario sobre el recital
de la Pista Atlética aparecido en El Mercurio. Imperdible.
Alfredo Lewin
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