"1, 2...1, 2, 3...grita Dickinson en la obertura de
este disco, como si se hubiera sacado veinte años
de encima. Y, luego de escuchar el disco, uno termina por
creerle, pues la banda que lidera sigue sonando impecable,
y conserva esa capacidad de crear temas que rayan lo épico.
Ahora bien, si alguien busca la renovación, la vanguardia,
la experimentación, en este retorno de "La doncella"
con nuevo material, mejor que lo olvide de plano.
Lo que sí hay es originalidad. Claro pues porque,
a pesar de los años, son ellos los poseedores y creadores
de un estilo que ha sido imitado permanentemente, pero nunca
igualado.
Están los punteos de guitarra a varias voces, los
solos llenos de virtuosismo, los arreglos "barrocos"
de siempre, el inconfundible "vibrato" de Dickinson.
Todo bajo una producción que, por momentos, suena
exagerada, porque ya no es tan común, pero que mantiene
la esencia Maiden.
Muchos vuelven para "dar pena", pero Maiden regresa
como si en el intertanto no hubiera pasado nada. Como si
dijeran "en qué estábamos?", y enchufaran
los instrumentos para hacernos vibrar.
Como en otras oportunidades, es el bajista Seteve Harris
quien asume la mayor responsabilidad en composición
y, de hecho, se suma a la labor de Kevin Shirley en las
perillas, como un coproductor, de bastante influencia. Faltaba
más.
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Bruce Dickinson se asoma en un
par de créditos, coincidentemente con las canciones
más "oreja" de "Dance of death",
entre ellas el primer sencillo, "Rainmaker":
"When i was wandering in the desert, / cuando estaba
vagando en el desierto
and was searching for the thruth / y estaba buscando la verdad
i heard a choir of angeles calling out my name / oí
un coro de ángeles decir mi nombre
i had the feeling that my life / tuve la sensación
de que mi vida
would never be the same again / no sería nunca más
la misma
i turn my face towards the barren sun" / y giré
mi rostro hacia el sol estéril
El ícono del heavy metal no deja atrás sus
mismas imágenes de siempre: ángeles, sueños,
desiertos, infierno, sangre, portales, dentro de un contexto
que, como siempre, pareciera apocalíptico. Pero que
más bien deberíamos llamar poético, pues
tiene sus mentores en autores británicos como Blake.
Iron Maiden vuelve con un disco potente, pero nada de radical.
Por el contrario, sus melodías suenan más cercanas
que nunca y a no extrañarse por estar tarareándolas
en un rato.
¿Retroceso? Muy por el contrario: se trata de madurez.
De hacer, simplemente, lo que les interesa. Y no leer comentarios
de prensa. Como éste.
Rodrigo Toledo.
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