Hace dos años Charly García editaba "Influencia",
un disco que le devolvió el prestigio de siempre
entre sus compatriotas, especialmente los periodistas, que
no habían "enganchado" como antes con sus
anteriores lanzamientos.
Ese disco fue el que lo trajo al Festival de Viña
del Mar del año pasado, en una actuación precedida
de un montón de dudas por parte de los supuestos
"entendidos", y que terminó siendo el mejor
número de toda la semana.
Así es Charly, imprevisible, irregular, pero genio
en potencia, al fin y al cabo. Cuando las condiciones -mentales,
artísticas y otras- se dan, no hay quien pueda refutar
la calidad de sus canciones.
Como en este "Rock and roll (yo)" de título
algo desafiante, pero de espíritu completamente contrario,
en que vemos a Charly como el Ave Fénix, reconstruyéndose
desde sus propias cenizas, y haciendo lo que más
le gusta: rock and roll.
Acompañado por el trío chileno -sí,
un verdadero orgullo para nosotros- compuesto por Tonio
Silva Peña en batería, Kiuje Hayasida en bajo
y Carlos González en bajo, García homenajea
a través de estas nuevas canciones, la ausencia de
María Gabriela Epumer, su compañera de siempre
en guitarras, que falleciera el año pasado.
Un lamento árabe nos da la bienvenida, mezclado
con un cóctel de ruidos que nos hacen dudar de lo
que estamos escuchando.
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Es que, a priori, sabíamos
que las guitarras distorsionadas se imponían en este
disco y, al oírlo, se puede confirmar. De hecho, es
un rock bien anclado en las raíces, con citas incluso
a Led Zeppelin (obvio, a "Rock and roll")
Con un primer sencillo brutal, como "Asesíname",
en que Charly habla de amor en forma desesperada a través
de un piano íntimo (el tema también tiene una
versión "Stone" que es, literalmente, al
estilo del grupo de Keith Richards), "Rock and roll (yo)"
se va poniendo cada vez más crudo.
Como en V.S.D, por ejemplo ("Vos sos Dios"), una
canción dedicada a él y escrita por su amiga
Mónica García y por Joaquín Sabina. También
le lleva dos versiones de este tema, una en clave rockera
de bar (bien intensa y veloz) y otra en plano netamente tanguero
(una exquisita excursión de Charly por terrenos donde
lo habíamos visto poco). De nuevo el piano de García
nos deslumbra por su creatividad y los dibujos sonoros. A
propósito de dibujos, el arte de carátula es
de su propia autoría. Como para que se deje de dudar
si es que está en sus cabeles o no.
Dos covers de músicos que le "vuelan la cabeza",
como son Michael Brown y Stevie Wonder, completan el panorama
de este disco en que García vuelve por sus fueros.
Aquellos que tantos reconocimientos le significaron desde
su primer disco solista, "Yendo de la cama al living"
(1982).
Rodrigo Toledo.
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