"Radical Sonora" (1997), "Pequeño"
(1999) y "Pequeño cabaret ambulante" (versión
extendida de su antecesor, 2000) eran las cartas de presentación
de Enrique Bunbury antes de "Flamingos", disco
que llega como para coronar su ascenso definitivo al Olimpo
del rock latinoamericano (ayudado por sus
buscadas apariciones en los MTV Latinos).
Parece que no hay nada más difícil que sacudirse
el estigma de haber sido parte de una banda exitosa y comenzar
una carrera solista. Cuesta recordar algunos casos con final
feliz, pero los hay: Morrissey, Peter Gabriel, Phil Collins.
Al ex niño-símbolo de Héroes del Silencio
le ha costado sangre
sudor y lágrimas, hasta que al fin le ha dado el
palo al gato. En cuanto a música se refiere, por
cierto, lo otro está por verse.
Y es que este muchacho con un aire a Jim Morrison encontró
en la nostalgia la solución a toda su falta de identidad;
en el rescate de lo retro, la libertad creativa. Todas las
canciones de "Flamingos" poseen su firma, algunas
compartidas con Rafa Domínguez (guitarrista de su
banda actual) pero, más importante, es el propio
Bunbury el encargado de producir su placa, y sorprende el
pulcro resultado.
De los Héroes del Silencio queda poco y nada. Si
hasta el concepto visual ha sido desterrado, y reemplazado
por uno que funciona a las mil maravillas: el de personaje
que se viste de la cultura pop. En "Flamingos"
el tema central es el boxeo, y el héroe, Perico Fernández,
pugilista español que alcanzó el título
mundial superligero en 1975.
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Abre el disco un temazo, "El
club de los imposibles", lleno de bronces y de secuencias,
que suena 10 puntos y está grabado en una calidad similar.
"Sí" retrocede a la primera mitad del siglo
XX, en ritmo cabaretero, apoyado de nuevo en los bronces y
con un gran coro.
"Contar contigo" es más pegada, con hartos
ruidos y más secuencias. Un bolero lloroso es "Sácame
de aquí", con violines y toda la onda bohemia.
"Enganchado a tí" está en esa misma
línea, pero más "brillante", de nuevo
con bronces y el agregado de un piano.
Más adelante, "Una bastón para tu corazón"
suena otra vez a música de principios del siglo pasado,
onda orféon en la plaza de la ciudad. "No se fíe"
lleva un nombre sumamente adecuado, de canción arrabalera,
de "choro" con cuchilla y tajo en la cara.
Tan sorprendente -pero, ojo, coherente- es "Flamingos",
que termina con una
ranchera en ritmo de vals, "...y al final". Notable
broche que refleja la diferencia que marca este disco con
sus contemporáneos (Juanes, por ejemplo, y su lectura
oportunista del folclor cafetero; o Diego Torres y su eterna
ansia por las canciones-himno), con quienes compartió
escenario la noche de entrega de los MTV Latino, pero con
los que no comparte un sonido.
Por suerte.
Gentileza EMI, 2002
Rodrigo Toledo....................................
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