"Quien a buen árbol se arrima, buena sombra
lo cobija", dice el refrán. Una frase que Beth
Orton hizo muy suya a comienzos de su carrera, cuando trabajó
codo a codo con "monstruos" del tema musical,
como son William Orbit (Madonna, Blur) y los nunca bien
ponderados Chemical Brothers. Con Orbit formó el
dúo Spill, proyecto que alcanzó a editar un
disco: "Strange Cargo 3" (1993).
Pero la Orton tenía lo propio, y siempre tuvo la
intención de seguir su camino personal. Fue así
como en 1996 editó su primer LP, llamado "Trailer
park", en cuyos créditos también asoma
su cabeza el mentado Orbit. Eso sí, todos los temas
llevan la firma -al menos, como coautora- de Beth.
Para esa fecha, la cantante ya poseía una banda de
apoyo, formada por el bajista Ali Friend, el guitarrista
Ted Barnes, el tecladista Lee Spencer y el baterista Wildcat
Will.
En 1999, Orton dio su segundo golpe con "Central Reservation".
Extraído de este disco, el single "Stolen car"
se convirtió en un pequeño hit.
Para su placa de este año la inglesa se ha rodeado
nuevamente de ilustres colaboradores. Orbit, de partida,
sigue a su lado; también los Chemical Brothers. Pero
su "ayudante" primordial se llama Ryan Adams y
al él se debe gran parte de la calidad de este disco.
"Paris Train" -tema que abre el disco- es una
joyita sonora, una amalgama de sensaciones que dan ganas
de escuchar mirando el cielo desde la cama. Arreglos de
bronces y cuerdas, guitarras acústicas, secuencias
y una gran melodía que se queda pegada en nuestros
oídos.
Ryan Adams se viste de multinstrumentista en "Concrete
Sky" (un tema coescrito por la Orton junto a Johnny
Marr, ex Smiths),
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haciéndose cargo de guitarras,
piano y coros. Y en "Mount Washington" es Orton
la que vuelve al primer plano creativo.
"Anywhere" tiene mucho de lounge, en las intervenciones
de trompeta y trombón, sobretodo. Y algo de latino,
incluso. La voz de Orton (aunque siempre con ese estigma de
Natalie Merchant) suena precisa y sugerente.
La canción que da nombre al disco es un experimento
más oscuro, en que predominan las programaciones. Y
en la que asoman con sutileza el cello y la mandolina.
La batería en "Carmella" está grabada
de manera perfecta, llena de textura,comoq ue las plumillas
de Jim Keltner estuvieran tocando el parche al lado de nosotros.
En "God song" sucede algo parecido, pero en un beat
muchísimo más relajado (muy en la onda Norah
Jones).
"This ones's gonna bruise" mantiene esa misma onda,
en clave acústica, bucólica, melancólica...exquisita.
"Ted's waltz" remite más a Bristol, sensitivamente,
más que por parecido sonoro.
La mayor cantidad de créditos aparecen en "Thinking
about tomorrow", tema que cierra el disco, y que cuenta
con cuidados arreglos vocales, de cuerdas y que se prolonga
por más de seis minutos.
Por si aún no ha quedado claro, Beth es una artista
que merece pronta atención (si aún no lo has
escuchado). Y es una artista indispensable para el CD de tu
equipo en las más diversas ocasiones. Si quieres escuchar
buena música, o simplemente acompañar una de
aquellas veladas en compañía de quien amas.
Gentileza EMI, 2002
Rodrigo Toledo....................................
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