En 1998, Mark Linkous, el integrante único
de Sparklehorse, estuvo a punto de pasar al otro mundo.
Sus abusos con el alcohol y, especialmente, con las drogas
lo lanzaron a la lona y, por cerca de treinta minutos, estuvo
clínicamente muerto.
Pero como las grandes leyendas del boxeo, Linkous se levantó
y fue al frente. Dejó de castigarse con mezclas insólitas
y siguió al pie de la letra la recomendación
de su médico: hacer la mayor cantidad de canciones
posibles.
Con esa perfecta terapia, el estadounidense parió
dos pequeños –y grandes- álbumes de
bellísimas y casi siempre tristes melodías:
“Good Morning Spider” (1998) y “It’s
a Wonderful Life” (2001). Con los aplausos de la crítica
y de los fanáticos, este émulo vanguardista
de Tom Waits infló el pecho y se sintió triunfador.
Al mismo tiempo, quedó liberado de sus adicciones
y dispuesto a llevar una vida regenerada y limpia.
Sin embargo, su voluntad pudo menos. Y mientras mostraba
por Europa su notable última cría, Linkous
recayó en sus vicios. La heroína le recordó
que antiguos amores jamás se olvidan y el muchacho
pareció rebobinar la historia de su vida de fines
de los ’90.
Sus nuevos problemas se transformaron en un calvario y durante
tres años, Linkous desapareció. Se entregó
a los placeres químicos y se olvidó de la
música hasta que a fines de 2004 el músico
despertó llorando en su cama, sintiendo que debía
terminar con su dependencia y buscando alguna fórmula
para salir de su propio calvario. Así, llamó
a un par de amigos como Danger Mouse –la mitad de
Gorillaz y The Gnarls Barkley-, Dave Fridmann –productor
de su último disco e integrante de Mercury Rev- y
su idolatrado Tom Waits para que le dieran una mano y albergaran
una nueva esperanza: mantenerlo alejado de las tentaciones.
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Con esos antecedentes,
su nuevo disco, “Dreamt for the Lights Years...”,
acredita la segunda resurrección de Linkous. Como si
estuviera viendo la luz al final del túnel, el multi
instrumentista vuelca todas sus experiencias de los últimos
años en 53 minutos pletóricos de belleza, desolación
y emoción.
Permanentemente citando la depresión post consumo de
drogas, Sparklehorse resume una romántica desesperanza
que lo emparenta con los discos de otro sobreviviente: John
Frusciante. Porque, al igual que los discos solistas del guitarrista
de Red Hot Chili Peppers –otro que estuvo a punto de
irse al otro patio por sus excesos con la heroína-,
en “Dreamt for the Lights Years...” las melodías
despachan lamento y tristeza que, paradójicamente,
logran un efecto impensado: una resplandeciente belleza.
Linkous es un hombre de extrema sensibilidad
y sus problemas personales han acrecentado esa virtud. Porque
en títulos como “See the Light” –un
título más que explícito-, “Knives
to Summertime” y, especialmente, “Some Sweet Days”
–el gran tema del álbum-, el estadounidense logra
que las penas brillen y que las líricas sangrantes
posean un melancólico optimismo. El cierre con el título
homónimo y acompañado por dos grandes, Dave
Fridmann y John Parrish –productor de Eels y PJ Harvey-,
es perfecto. Condensa la sensación de angustia de sus
últimos años de adicción y lo cubre con
sonidos que transmiten cambios, regeneración y una
vitalidad sosegada.
Linkous es, más que nunca, un sobreviviente
emotivo y de corazón poderoso. Para escuchar y emocionarse.
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