"Escapology" es un disco que tendría que,
necesariamente, seguir elevendo a Robbie Williams hacia
el Olimpo de las mega-estrellas de la música. En
serio. Difícilmente haya en el mercado un cantante
como él tan preocupado de los aspectos netamente
comerciales como los que se refieren a la calidad.
Algunos sucesos recientes, eso sí, abren la incertidumbre
respecto de lo que sucederá cuando Williams grabe
el sucesor de "Escapology". Y es que Robbie se
ha separado -más bien, "desafectó"-
al compositor con quien había trabajado a lo largo
de toda su carrera solista, Guy Chambers.
Guy Chambers es el autor de 12 de los 14 temas de este
disco, por lo que su partida deja un vacío enorme
en el imaginario compositivo de Williams. Y después
de escuchar "Escapology" uno queda convencido
de que es muy difícil que encuentre a alguien que
interprete tan bien su identidad musical, haciéndole
canciones "a la medida". Según muchos,
el contrato con EMI le subió los humos definitivamente
a Robbie, quien sin pensarlo demasiado se separó
de aquel con quien había hecho cinco discos y a quien
incluso había llamado alguna vez su "novio",
tratando de bromear con los periodistas.
Williams se cree el cuento del galán y le resulta.
Pero, aparte de eso, su voz está cada vez más
sólida, llena de matices, plena en colores. Y ahí
también hay mérito de Chambers, de aprovechar
ese excelente registro en canciones que suenan modernas,
con arreglos cuidados, y que están a años
luz de los elementales hits de un Enrique Iglesias, por
ejemplo (bueno, ahí no hay una voz para ofrecer,
pero ese es otro tema), o de un Ricky Martin, más
preocupados de sonar "como lo que está sonando",
que de manera feliz.
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Ojo con la tremenda apertura de
esta placa, con tres temas que seguramente serán éxito:
"How Peculiar", muy rockanrollero; "Feel",
temazo que por estos días suena hasta el cansancio
en la radio; y la melódica "Something Beautiful",
llena de bronces y detallitos que la hacen una pequeña
"joyita".
Williams rescata lo mejor de la tradición del pop
inglés en un disco que no reparó en gastos (se
nota y se agradece) para, por ejemplo, incluir a la London
Session Orchestra en varios de los temas, como "Sexed
up", por ejemplo, un himno instantáneo.
Y hay tiempo para las sorpresas también, como el comienzo
españolísimo de
"Me and my monkey" o un "hidden track"
que aparece a los 12:08 minutos de
la canción 14, "Nan's song", una preciosa
balada de esas para cantar con
guitarra de palo y el alma desgarrada.
Un disco redondito, por donde se lo mire. Y una prueba de
que se puede hacer "pop radial" con estilo, elegancia
y fondo. Si hace poco Robbie Williams aparecía hace
poco haciendo un dueto con Nicole Kidman para una vieja canción
de Frank Sinatra ("Somethin Stupid"), estaba claro
hacia donde apuntaban sus antenitas. Y si bien hoy sería
un despropósito hacer una comparación de este
calibre, quizá dentro de unos años ya no lo
sea tanto. A mí, por lo menos, no me extrañaría.
Rodrigo Toledo ...................................
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