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Para
comenzar, les voy a describir el formato del festival y así
tengan una idea más clara de lo que este evento significa.
Vive Latino se
lleva a cabo en un complejo deportivo gigante que dispone
de tres escenarios. Uno sencillo, como para cinco mil
personas. En una especie de explanada lateral, otro mediano
con capacidad de hasta 20 mil personas ubicado en una pista
de carreras de automóviles. Finalmente, el tercero
y más grande ubicado en una cancha enorme de béisbol
que tiene una capacidad total que va de los 40 mil a las 60
mil personas. Todos los escenarios cuentan con su respectivo
equipamiento técnico de sonido, back-line, luces, tarimas,
camarines, etc.
En lo que se refiere al sonido, la instalación
está configurada con sistemas de Line Array equivalente
a sus respectivas capacidades de público y con grandes
consolas digitales que admiten tener múltiples listas
de canales pre-grabadas, lo que permite que cada sonidista
o grupo llegue a su turno con sus respectivos canales ya escritos
y definidos previamente, sin necesidad de anotar o configurar
compresiones, efectos, asignaciones, etc.
Todo se debe a que, prácticamente,
ningún grupo prueba sonido con anterioridad, sólo
los grupos mexicanos grandes tenían derecho a probar
ya que viven en el país y se encuentran disponibles
varios días antes para lograr chequear sonido. La mayoría
de las bandas invitadas tiene sólo veinte minutos,
antes de sus respectivos shows, para montar sus instrumentos,
chequear líneas, ecualizar un poco y ajustar niveles.
Esto provoca un estado de nerviosismo que juega en contra,
sobre todo cuando el equipo técnico de cada grupo no
tiene el entrenamiento para enfrentar este tipo de festivales.
Les cuento mi experiencia en este festival
como sonidista de Los Bunkers, viviendo en carne propia la
presión de tener que sacar adelante un sonido en vivo
en muy pocos minutos.
La clave es llegar bien temprano para sacarle
todo el rollo al montaje. Cómo suena, qué tipo
de mezclas están usando, etc. Nosotros, los técnicos
del grupo, llegamos tres horas antes del inicio de nuestro
montaje. Lo primero que hicimos fue ponernos de acuerdo con
los jefes de escenario que estaban a cargo del back line de
instrumentos que nos tocó. Con ellos elegimos batería,
equipos de bajo y guitarras y definimos las posiciones exactas
de nuestros músicos. Luego, echamos un vistazo a los
demás grupos para ver como se organizaban y, de esa
forma, optimizar nuestros tiempos y recursos. Una hora antes
del show llegaron los músicos de la banda para prepararse
a esta especie de carrera contra el tiempo y la resistencia.
Cuando llegó nuestro turno, subimos
con las pedaleras de guitarras, teclados, caja, pedal, platillos,
guitarras y bajos. Luego, comenzamos a chequear uno a uno
los canales de las consolas previamente asignados a nuestra
consola y adecuado a una gran lista de canales que comprende
casi todas las posibilidades en opciones (por ejemplo, habían
2 tomas de bombo, 2 tomas de caja, toma de caja auxiliar,
toms, hi-hats, ride, overheads, 8 tomas de guitarras eléctricas,
2 tomas de guitarras acústicas, 6 tomas de teclados,
4 tomas de bajo, 6 tomas de voces, etc.). |
Todo estaba
pensando para que cada grupo usara y ordenara los canales
según su respectiva lista de canales, enviada a la
producción con anticipación para que estuviera
previamente grabada. A esto le sigue una pequeña confirmación
de llegadas de canales y mics correspondientes al grupo. También,
ese tiempo se usa para hacer los grupos de instrumentos, las
compresiones, efectos, asignaciones individuales, etc, todo
dentro de la misma consola y con una cantidad importante de
opciones propuestas por el técnico a cargo del sistema
de audio.
La banda sube al escenario y comienza a
tocar. Estratégicamente hicimos un plan de inicio:
elegimos un tema que por su naturaleza rockera y donde todos
los instrumentos eran tocados, nos permitía tirar la
carne a la parrilla y “sacrificarlo” en la partida,
sabiendo que en unos minutos tendríamos que ajustar
todos los niveles y ecualizaciones para lograr un sonido óptimo
lo mas rápido posible con miras al resto del show
También ayuda y facilita la partida,
el hecho de que algunos de los canales ya hayan sido usados
por otros grupos y con los mismos instrumentos. Otro factor
importante es que la banda logre aguantar los primeros minutos
de su show escuchándose incómodamente. De hecho,
todo este proceso de ajuste que mencioné es paralelamente
realizado por el sonidista de monitores ubicado sobre el escenario.
Así que los músicos deberán disimular
las molestias de un sonido aún no ajustado, porque
sólo ellos lo sienten. Para afuera, hacia el público,
todo se escucha muy bien.
Finalmente, el show comenzó a salir
fluido a contar del segundo tema, la mezcla la fui arreglando
a medida que avanzaba el show, pero ya en la segunda canción
estaba todo en su lugar. El resto fue disfrutar de la música
y de lo bien que le fue a Los Bunkers con el público
del Vive Latino.
Si quieres más información
de lo sucedido en este importante festival, ingresa a www.vivelatino.com.mx/
o a www.losbunkers.cl
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