| La
tecnología, sin duda es la gran aliada del mundo del
audio. Desde las últimas cinco décadas, la industria
del sonido no se ha separado de los micrófonos, las
consolas, los amplificadores y los emuladores de sonido.
Específicamente, el mundo de la música ha evolucionado
con el desarrollo de una diversidad de texturas y posibilidades
hoy en día infinitas. Es así como actualmente
se enriquecen las técnicas de grabación a través
de la combinación de variadas metodologías.
Por el ejemplo, un sonido análogo obtenido a través
de un micrófono pre-amplificado por un circuito de
tubos y posteriormente registrado en una cinta de 2 pulgadas
(propio de la industria de los ´70 y ´80) es hasta
el día de hoy un gran desafío a igualar por
cualquier Sonidista que quiera acercarse a ese sonido variando
la técnica original de grabación.

La búsqueda de esa aparente “impureza”
o “aleatoriedad” en las grabaciones es hoy muy
compleja si solo se explora a través de los sistemas
midi o procesos digitales en general. Para analizar con precisión
este fenómeno se deben considerar dos factores esenciales:

En primer lugar la captación de la fuente sonora,
proceso fundamental y básico en toda grabación:
considerando para ello desde la posición de cada micrófono
hasta la elección del mismo para cada sonido.
El segundo proceso es la amplificación del
micrófono, en esto juegan un factor determinante
los llamados PRE-amplificadores. Estos módulos son
clave al momento de amplificar un determinado micrófono,
ya que con ellos se puede asignar un conjunto de parámetros
que en definitiva prediseñarán un tipo de textura
para cada fuente.
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Los
distintos fabricantes de la industria del sonido, han podido
otorgar hoy al mercado, una nutrida combinación de
micrófonos y pre-amplificadores lo suficientemente
distintos y versátiles para hacer de cada grabación
una pieza de arte original en si misma.
Personalmente creo que los sonidistas y profesionales de la
música no podemos desechar la oportunidad que hoy nos
entrega la industria. ¿Cómo no disfrutar de
la combinación de un micrófono análogo,
pre-amplificado por un sistema de tubos y grabado sobre la
emulsión de una cinta de 2 “pulgadas correctamente
calibrada? Dicha combinación es sin duda una condición
ideal de grabación. Luego solo debemos traspasar la
toma elegida a un sistema digital de edición y el círculo
se cierra al procesar ese sonido al gusto propio con un determinado
software con diferentes herramientas de mezcla.

Lamentablemente se podría predecir que a medida que
la tecnología avanza, las viejas técnicas van
muriendo, a la vez que nacen nuevas formas de grabar o de
percibir el sonido. Esa es la impresión general. Por
estos días se pueden efectuar grabaciones completamente
plásticas con sonidos duros y desechando una gran gama
de armónicos (Armónicos se utiliza para
designar corrientes o tensiones de frecuencias múltiplos
de la frecuencia fundamental de la alimentación).
Claro está, que mientras más procesos digitales
soporta una grabación, más armónicos
suprime, matando de esa forma un sonido que para muchos oídos
hoy en día es imposible de igualar. Sin embargo, la
reivindicación de las clásicas técnicas
de grabación, combinadas con la versatilidad de posibilidades
de postproducción siguen siendo valoradas y usadas
por los músicos más exigentes del planeta, quienes
cada día se esfuerzan más por lograr mantener
un sonido limpio, amplio y fiel desde su génesis artística
hasta los discos y soportes digitales que llegan hasta nuestros
oídos.
Roberto Marti |