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Hay
quien quienes dicen que la masterización es un parche
a una mala mezcla. Aunque personalmente no estoy totalmente
de acuerdo, hay algo de cierto en dicha afirmación.
En general, una buena mezcla requiere un proceso posterior
mínimo. El problema es que, durante el proceso de la
mezcla, se tiende a equilibrar unas pistas con otras sin tener
claro cómo debe sonar el conjunto, acrecentado por
la fatiga auditiva. Esto se evitaría en gran medida
teniendo unapista como referencia constante durante la mezcla
o usando un analizador de espectro.
Entonces, ¿cuál es el objetivo de la masterización?
En primer lugar, conseguir uniformidad entre las pistas, de
forma que no existan grandes diferencias de sonido dentro
de un mismo trabajo; conseguir que suenen igual en cualquier
equipo de audio, corrigiendo peaks que han pasado desapercibidos
en los monitores de referencia usados en las mezclas; y ganar
algunos dB de volumen medio.
En este último punto hay una gran polémica,
pero esta nueva tendencia de subir al máximo el volumen
de una canción tiene su explicación en la psicoacústica.
Para el oído humano, una canción que tiene más
volumen que otra es percibida como mejor de forma inconsciente.
Este curioso efecto es el motivo por el que se tiende a comprimir
y limitar al máximo posible cada pista, consiguiendo,
en muchos casos, que la pieza pierda toda la dinámica,
siendo este un terrible error.
A la hora de decidir masterizar tus pistas, te aconsejo que
tengas en cuenta los siguientes aspectos:
- Nunca se debe masterizar sin descansar los oídos.
Unos oídos viciados tenderán a destacar frecuencias
en la mezcla.
- Unos monitores de campo cercano no son
lo más apropiado para masterizar, al no ofrecer una
respuesta clara y amplia de todo el espectro.
- No deberías nunca masterizar tus propias
mezclas, puesto que hay detalles que ya pasas por
alto por el vicio de escucharlos una y otra vez. Por tanto,
lo mejor es recurrir a un buen profesional (siempre que se
pueda).
Las condiciones ideales
de masterización distan en muchos casos de la mayoría
de los estudios de grabación de cualquier categoría.
Para estos menesteres se requiere una sala tratada acústicamente,
para ofrecer una respuesta equilibrada en todas las frecuencias.
No se trata de crear una cámara anecoica; consiste
en evitar realces de frecuencias y rebotes dañinos
para una correcta audición.
Los altavoces
son un punto clave: necesitamos escuchar todas las frecuencias
sin coloraciones. Es un error habitual en los monitores de
campo cercano y, en menor medida, en los de medio campo, su
incapacidad para reproducir frecuencias graves, siendo atenuadas
las frecuencias por debajo de los 70 Hz. Por tanto, unos monitores
de campo lejano, multivía y habitualmente empotrados,
serían el punto de partida ideal para la masterización.
Es muy importante, además, disponer de parlantes de
distintos tamaños y calidades para poder chequear el
material en condiciones cercanas a las que dispondrá
el receptor final.
La gran polémica
surge en cuanto a qué elementos (y en qué orden
son adecuados) para una masterización. Sin duda, hay
cosas fundamentales que no deben faltar en una cadena de masterización:
un ecualizador, un compresor y un limitador, y a veces es
muy utilizado un excitador aural, pero la gran pregunta es
¿software o hardware? La respuesta:
da igual, pero ha de ser de primera calidad. Hoy en día,
la solución software es la que ofrece mejor relación
calidad-precio. Un ecualizador mediocre, o un compresor de
baja calidad, pueden destrozar una mezcla. En cualquier caso,
la clave de todo el proceso es que la masterización
no arregla una mala mezcla. |
A
continuación haré una pequeña descripción
de los elementos básicos en una cadena de masterización.
La normalización
Uno de los objetivos principales
de la masterización de un disco es que las canciones
sean percibidas a un mismo nivel medio. Cuando
empiezas el ajuste de varias pistas, el primer paso lógico
es normalizarlas de forma que el peak de volumen más
grande coincida con el máximo permitido. En principio,
esto es innecesario puesto que, mediante la compresión
y limitación, vamos a ajustar las pistas para que suenen
todas a un volumen medio similar y al normalizar podemos perder
sutilezas. Sólo cuando una pista muestre un volumen
demasiado bajo se requeriría una normalización.
Además, en ese caso, si la pista fue mezclada a 16
bits, la normalización puede aumentar el nivel general
del ruido de la pista, con lo que es más conveniente
volver a la mezcla y subir el nivel de la mezcla.
Compresión multibanda
Con un compresor multibanda
se pueden hacer ajustes muy precisos sobre las distintas bandas.
Son útiles para destacar o atenuar instrumentos o frecuencias
descontroladas. La diferencia más importante con la
ecualización es que la ecualización recorta
las frecuencias seleccionadas en todos los casos, mientras
que un compresor ajustado a una banda de frecuencias
sólo actuará cuando el volumen de esa banda
supera el umbral establecido. El compresor multibanda
es muy útil para retocar el equilibrio espectral.
Excitador aural
Este elemento fue utilizado
ampliamente en el pasado. Cuando la tecnología musical
no era tan avanzada, las mezclas eran bastante opacas y llegó
a ser tan imprescindible que su inventor sólo los alquilaba.
Su principio activo se basa en la restauración
de armónicos perdidos durante el proceso de la mezcla,
añadiendo brillo. En la actualidad, basándose
en el mismo principio, han aparecido un nuevo tipo de excitadores
que añaden presencia en el espectro de los graves o
incluso los que permiten la selección de la frecuencia
central. Con la mejora de los procesos de grabación
y mezcla, su uso ya no está tan justificado, aunque
en muy pequeña cantidad puede añadir ese brillo
que suele faltar en los masters. Es un efecto con el que es
muy fácil pasarse, porque el oído se acostumbra
muy rápidamente y se tiende a añadir más
de lo necesario.
Los medidores
Para poder ajustar
el nivel entre canciones, es necesario usar medidores fiables.
Los vu meters incorporados en las mesas de
mezclas y en los programas suelen ser medidores que reaccionan
muy rápido a los transitorios, ideales para evitar
distorsión y saturación que, por otro lado,
es tan peligrosa en la grabación digital y aparece
en cuanto superas los 0 dB. Realmente, nuestro oído
no escucha así. Aunque tengamos dos canciones cuyos
peaks máximos llegan al mismo nivel, el volumen medio
puede ser diferente. Para poder medir eso, es necesario la
utilización de medidores que funcionen en modo RMS
(Root Mean Square). Una medidor en modo RMS
proporciona el valor eficaz del volumen. Esta forma de medir
es más parecida a la forma que tiene el oído
humano de escuchar, motivo, además, por el que los
medidores analógicos se siguen usando aún en
nuestros días.
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