LA IMPROVISACIÓN
Y sus Infinitas Posibilidades

Probablemente una de las instancias más interesantes de la experiencia musical es la improvisación. Me atrevo a afirmarlo con completo conocimiento de causa y a recomendarlo como una excelente forma de desarrollar un estilo propio a nivel de banda y a la vez como instrumentista.

Por Mauricio Melo

La Improvisación es algo así como un proceso de alquimia en el cual varios elementos se fusionan dando como resultado un elemento nuevo, llámese obra, creación o simplemente amalgama sonora. El saxofonista belga, Steve Lacy, decía que “La diferencia entre la composición y improvisación es que en la composición tienes todo el tiempo que quieras para decidir que quieres decir en quince segundos, mientras que en la improvisación tienes quince segundos." Efectivamente, la improvisación, como forma de crear música, a diferencia de la composición, no está escrita ni construida a partir de algoritmos o pautas predeterminadas que maniobran sobre las fuentes sonoras, sino que es realizada al momento de ser interpretada. Finalmente, ambas son formas de producir música. Respecto a cual es más válida, se ha escrito mucho, pero el resultado es el mismo, música.

Curiosamente, quienes más suelen criticar la improvisación como forma de producción musical generalmente son los músicos más doctos, que desmerecen la absoluta falta de reflexión en el proceso creativo sosteniendo que éste debe ser anterior a la exposición de la obra en sí, o sea la interpretación o ejecución, siendo absorbido por completo por el producto final como un detalle tal vez irrelevante.

A mi parecer, justamente esta exposición de la creación puede ser sumamente reveladora ya que no solo involucra, necesariamente, a los músicos participantes sino que también puede, en el caso de realizarse frente a público, envolver a éste de manera activa. El músico improvisador franco-americano Wade Matthews dijo al respecto: “Todo improvisador sabe que la manera en que le escucha el público tiene una enorme influencia en cómo elabora su obra. La capacidad de escucha, el grado de entendimiento, la duración y profundidad de la atención son todos factores determinantes en cómo, y hasta qué punto, el improvisador establece la comunicación y la intimidad.”.

Sucede que al momento de improvisar libremente fluyen energías y aspectos ocultos del alma y la motricidad que se funden en una experiencia que raya en lo místico. Los músicos se compenetran aportando toda su esencia en esta suerte de composición instantánea, espontánea y, sobre todo, colectiva. Por eso mismo, tal vez sea absolutamente contraproducente y paradójico hacer algunas recomendaciones acerca de cómo se debe improvisar, pero, como dato útil puedo aportar - basándome en mi experiencia- que suele ser bueno partir de alguna figura rítmica que recomiendo sea contribuida, por ejemplo, por el bajo. Tampoco es malo partir de un riff de guitarra que, por cierto, puede dar la tónica de toda la pieza musical, dando pautas directrices para lanzar una línea de bajo o armonías de teclado. La percusión también puede dar la partida a una improvisación aportando una cadencia envolvente que sugiera figuras de las cuerdas o, eventualmente, de los vientos….en fin, existen muchas de formas de abordar una improvisación y creo que en este caso se puede aplicar perfectamente aquello de que “en cosa de gustos no hay nada escrito”, lo importante, creo, es dar tiempo y espacio para que la música fluya libremente y se logre crear un clima de comunicación y conexión.

Generalmente, la improvisación ha sido asociada a la música de jazz por la libertad de ejecución que este estilo se permite, pero esta técnica (o más bien, anti técnica) no es excluyente sólo a la música sincopada sino que también ha sido utilizada por exponentes de variados estilos musicales provenientes de las más distintas latitudes. Por ejemplo, fue particularmente reinvindicada por la música sicodélica de la segunda mitad de los años sesenta, cuando algunas de las bandas más emblemáticas de la corriente como Grateful Dead -en la costa oeste de los Estados Unidos- o Pink Floyd -en Gran Bretaña- acostumbraban a variar las versiones de sus canciones, generalmente alargándolas y desarrollándolas hasta lograr una atmósfera envolvente e hipnótica, como es el caso de las versiones de los primeros de sus clásicos “Viola Lee Blues”, “Truckin’” o “Saint Stephen”, entre muchas otras o la emblemática “Interstellar Overdrive” en el caso de Pink Floyd.

 

En nuestro país, Los Jaivas llevaron la improvisación más lejos que nadie en su primer disco “El Volantín” y que venía a ser la concreción del trabajo realizado por la banda en su etapa más experimental a partir de 1969 hasta 1971. Buena parte de esta etapa se puede apreciar más claramente en la edición reciente de la caja de cinco discos titulada “La Vorágine” que recopila buena parte de este periodo. Otra banda que se nutrió de la improvisación -un poco más en la línea de la música progresiva y con algunos resabios de jazz rock- fueron Los Blops en su tercer disco, el subvalorado “Locomotora” editado en 1973, en el que en cinco canciones dejan claro lo concreta que puede sonar una banda afiatada y espiritualmente conectada.

En mi caso, con mi desaparecida banda Santos Dumont, desde que comenzamos nuestro recorrido en 1991, acostumbrábamos comenzar los ensayos con una improvisación que, dependiendo del día y del ánimo, podía llegar a extenderse veinte minutos e incluso hasta media hora. Por ese entonces nuestro set de instrumentos bastante bien equipado para ser una banda de autodidactas principiantes y, afortunadamente, supimos sacarles el mejor partido desarrollando esta experiencia como un excelente ejercicio de comunicación y compenetración entre los integrantes de la banda, lo que posteriormente nos sirvió muchísimo cuando nos tomamos más en serio el trabajo de composición y que además, debo decirlo, es una práctica que extraño muchísimo.

Una anécdota que puedo contar al respecto me ocurrió alrededor del año 1998 cuando trabajaba en el estudio Konstantinopla que pertenecía a Carlos Cabezas: una noche de verano en que todos los dependientes del estudio ya se habían retirado y solo quedábamos Cabezas y yo, llegaron de improviso Álvaro Henríquez y Súper Raúl Morales con intenciones de aprovechar la calurosa velada con un buen asado de costillar (esto ya suena a cuento de Enrique Maluenda…en fin). Cerca de la medianoche sonó el timbre del estudio y nada menos que Los Jaivas en pleno -que venían de regreso de una sesión de videos o algo así- se sumaron a la reunión. Luego de varias botellas de vino tinto que dieron a los respectivos espíritus la predisposición adecuada para el trance interpretativo, uno por uno de los participantes del ágape nos fuimos dirigiendo al estudio principal y comenzamos una sesión la que varios de los personajes cambiaron de instrumento, demostrando una faceta pocas veces vista. Por ejemplo, Henríquez mostró su gran versatilidad haciéndose cargo de la batería y un servidor alternó entre la guitarra y el bajo. La emotiva (al menos para mi) y antológica reunión que dio como resultado varias piezas interesantísimas y de gran intensidad, se extendió hasta el amanecer y afortunadamente fue registrada por el ingeniero de sonido de Los Jaivas, Dominique Strabach.

Para terminar, la improvisación como forma de crear música en tiempo real es un proceso colectivo absolutamente válido, y, desde mi punto de vista, aconsejable en todo sentido y que debe ser enfrentado sin prejuicios ni temores tanto por los emisores de la música como por los receptores de ésta. Hay que pensar que es probable que la música haya sido inventada a partir de una improvisación rítmica realizada tal vez con piedras o huesos y como parte de una ceremonia o ritual de carácter mágico. De esta manera, me parece que puede ser una buena forma de sacar partido de las limitaciones, sobre todo para los que se están iniciando en este fascinante mundo que es la música.

 

Envía tus dudas y comentarios de este artículo a:
contacto@audiomusica.com




Noticias Audioanálisis Brújula   Cuerpo y Alma Plug & Play Zona DVD Disco Inmortal El Maestro dice
o