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En
esta segunda sección de “Como grabar un disco
y no morir en el intento” entramos de lleno en el proceso
de grabación y producción del disco. Si bien
hay algunas sugerencias que pueden parecer obvias para algunos,
la experiencia me ha demostrado que para muchos hay ciertos
detalles que consistentemente se escapan.
Una vez elegido (ojalá con pinzas)
el lugar y la/las personas con que van a grabar-mezclar-masterizar,
es importante determinar la metodología con que se
llevará a cabo la grabación en sí:
- ¿Prefieren grabar todos juntos?.
Esto por un lado acorta los tiempos de grabación y
representa de mejor forma el carácter que tiene la
banda en vivo.
Por otro lado es técnicamente más complejo,
pues los requerimientos en términos de espacio, micrófonos,
canales y entradas al sistema de grabación, monitoreo,
etc., son mucho mayores. Habitualmente es factible grabar
muchos discos de música instrumental de esta forma
con resultados muy satisfactorios.

- Otra a lternativa es grabar las bases (batería y
quizás bajo) primero, mientras los demás graban
sus instrumentos de referencia. Está alternativa es
quizás la más común y en general da buenos
resultados, pues es más fácil poner atención
en un solo instrumento a la vez.
- ¿Grabar con click?. En mi opinión
los instrumentos DEBERÍAN INCLUIR UN METRÓNOMO
como parte del paquete…….. ¡Hay que frenar
la proliferación de músicos zombis! (sin pulso).
Hablando más en serio, la grabación no es un
buen momento para hacerse amigo del click, tocar sobre un
click sin correrse del tiempo y además tocar con onda
requiere años de práctica (de tocar y ensayar
CON un click). Puede que muchos tengan teorías al respecto
del click, pero la cruda realidad es que el músico
que no puede seguir un pulso constante, está en problemas.
Hay muchos que creen que ser un buen instrumentista significa
tocar cosas difíciles y complicadas, ¡pero si
no están a tiempo no sirve de nada!.
- Es bueno hacer una agenda estimada para
el período de trabajo, calculando cuanto tiempo toma
cada parte del proceso, asignando las horas a utilizar en
grabar cada uno de los instrumentos, considerando el tiempo
de montaje y prueba de sonido, además del tiempo de
mezcla y posibles correcciones (entre 1 y 5 horas, dependiendo
de la cantidad de pistas y lo prolijo de la interpretación
y arreglos de la música). También, hay que tener
en cuenta la masterización (habitualmente toma entre
4 y 8 horas de trabajo).
También hay cosas más mundanas
de las cuales tenemos que ocuparnos antes de entrar al estudio:
- ¡Poner parches nuevos en la batería!.
Es más barato comprar parches que tratar de arreglar
algo que suena mal a punta de perillas. La afinación
también es de suma importancia y si el baterista en
cuestión no sabe afinar correctamente la batería
es bueno conseguirse a algún amigo o profesional que
lo haga.
- Lo mismo corre para guitarras y bajos.
Además de contar con buenas cuerdas, los instrumentos
deben estar calibrados.
- Tener una buena provisión
de todos los accesorios necesarios: baquetas y cuerdas extra,
baterías y/o adaptadores para los pedales, etc. Es
muchísimo más caro pagar el tiempo de estudio
perdido que comprarlas con anticipación.
Algunas cosas que ayudan para el día
“D”:
- Descansar y dormir apropiadamente el
día anterior.
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-
Llegar puntual y sobrio a la sesión. (Lo contrario
no es sólo una pérdida de tiempo para los demás.
Además, es caro)
- Fijar un horario de trabajo razonable.
Muchas horas seguidas de trabajo resultan agotadoras y en
definitiva perjudican la música. Nadie toca bien o
toma buenas decisiones cuando está cansado. 8 horas
de trabajo diario habitualmente bastan. Aunque muchos lugares
ofrezcan descuentos por jornada y la idea sea aprovechar al
máximo el tiempo que nos dan, llega un punto en que
el rendimiento siempre baja.
- Llevar un registro del tiempo de trabajo.
Las cuentas claras conservan la amistad.
- Los vocales funcionan mejor durante la
tarde; para la mayoría de los cantantes la mañana
no es un buen momento. Tampoco es bueno realizar sesiones
muy extendidas para grabar vocales.
- Siempre es bueno escuchar CDs de referencia,
nos ponen en contexto. Es fácil dejarse llevar por
el entusiasmo y perder la perspectiva, sobre todo porque el
oído se acostumbra al igual que el olfato se acostumbra
a los olores y no queremos nada que huela mal, ¿no?.
- El sonido se determina primero en la
fuente, y si el instrumento no suena bien, no hay perilla
que lo pueda convertir en algo bueno. Al grabar un instrumento,
el timbre y el carácter DEBE ser el correcto. Si no
suena bien durante la grabación, jamás será
óptimo en la mezcla.
- Aunque la grabación sea un evento
importante en nuestras vidas, es mejor no invitar a la polola,
el amigo, el primo, y la tía. Y ni hablar de llevar
niños al estudio, porque para ellos habitualmente es
muy aburrido, distraen a las personas que están trabajando
y pueden provocar accidentes bastante caros.
- Una buena mezcla no siempre es “democrática”.
Muchas veces es necesario dejar ciertos elementos en segundo
plano para dar prioridad a la música como un total.
Si todos quieren tocar y sonar fuerte todo el tiempo, es que
la cosa va mal y probablemente sólo demuestra inmadurez
por parte de los involucrados. Por esta misma razón,
son tan importantes los productores musicales, ya que muchas
veces es necesario alguien que tenga la cabeza fría
y vea con objetividad las cosas. Una buena práctica
es que sólo asista un miembro de la banda (aparte del
productor si es que hay) a las mezclas, para luego escucharlas
en casa, en el auto, en el discman, en la casa de la polola
y en el súper equipo de algún amigo audiófilo.
Así, toda la banda se reúne y se hace un listado
de la cosas a corregir. Si la persona que mezcla sabe lo que
está haciendo y entiende el concepto que sus clientes
quieren, las correcciones deberían ser mínimas.
- Mantener la perspectiva. Casi nadie hace
un disco perfecto en el primer intento y los que lo logran,
habitualmente cuentan con un equipo de profesionales (ingenieros,
productores y arregladores) que se encargan de lograr un trabajo
de calidad. Realizar comparaciones con bandas que cuentan
con presupuestos de cientos de miles de dólares y querer
sonar como ellos es ciertamente pretencioso.

Concluyendo:
Es difícil abarcar todo el
proceso en un solo artículo y quedan algunos puntos
que aprovecharemos de revisar en una próxima instancia,
junto con el proceso de masterización y distribución.
Por Juan Pablo
Quezada
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