Si hay un disco de Pearl Jam que podría pasar por
ajeno, ese es “Yield”. Con una vocación
“beatlesca” (en cuanto a la búsqueda
de la canción pop, por naturaleza) notoria, este
disco no tuvo toda la repercusión que merece.
Más allá del tremendo video clip de “Do
the evolution”, y que significó el regreso
del grupo al lenguaje audiovisual, “Yield” resultó
en un disco de bajo perfil, pero fue una bendición
para sus seguidores más acérrimos.
Este DVD es un documental, dirigido por Mark Pellington,
que concentra todo el período previo al registro
de “Yield” en estudio. Horas de ensayos, conversaciones,
opiniones a la cámara, en un ambiente que soñaría
cualquier músico. Rodeados de instrumentos, en un
galpón acondicionado de una manera particular (con
toda la carga estética y conceptual de esta etapa
de la banda).
Son 42 minutos de una “película” cuyo
guión es la interacción de los muchachos en
la sala, y cuya banda sonora son las mismas canciones del
disco, en bruto, captadas en el momento en que son hechos
los últimos arreglos.
|
Visualmente,
se trata de una producción exquisita, que nos deja
sin aliento en base a un montaje dinámico y original.
Buenos “cara a cara” con cada uno de los integrantes,
nos revelan la visión de ellos respecto al trabajo
compositivo.
En ese sentido, es un ironía tremenda el comienzo
del documental, cuando uno a uno van ingresando al galpón
y marcan una tarjeta en el reloj de la entrada, como si tuvieran
que cumplir un horario al igual que el común de los
trabajadores. Pero no hay nada de eso en el grupo, que se
toma su tiempo para componer, y para fijarse hasta en los
mínimos detalles. Beneficios que da la fama (que bien
merecida la tienen, por cierto).
El sonido, 5.1, no puede sino dejarnos conformes, pero lo
mejor es la mezcla, la que es mucho más apreciable
a través de un buen sistema de parlantes. Se los recomendamos
profundamente.
“Single Video Theory” tiene lo justo. Ni más
ni menos. No hay extras, ni bonos, pues se trata de un proyecto
especialmente realizado para la plataforma audiovisual. Y
justifica con creces su existencia.
Por Rodrigo Toledo
|