Para mí, Paul McCartney es
un personaje trágico. Sé demasiado acerca
de la historia de Los Beatles -lo he leído
todo y lo he visto todo-, y estoy plenamente consciente
de que el pobre Paul (sí, el pobre Paul) lleva
30 años intentando borrar las mezquindades
y chuecuras sin nombre que le hizo a sus ex-socios.
Recuerdo de su show en Santiago que en una desabrida
canción pacifista las visuales mostraban una
foto de él súper encachado y en buena
pose, versus una foto de John Lennon escogida con
lupa por salir feo y con cara de bobo.
Pobre Paul, el mundo sabe que es un egoísta
sin remedio y que sus canciones tienen la profundidad
intelectual de una modelo que pololea con futbolista.
Además, tiene que vivir sabiendo que la historia
considerará siempre a Lennon como un auténtico
genio del arte y aterrizando en el aeropuerto de Liverpool
que no se llama Paul McCartney, precisamente.
En este DVD podemos ver los dos shows que Paul hizo
en Rusia aquel año, uno en la Plaza Roja -que
le da título al volumen- y otro en San Petesburgo,
una de las ciudades más bellas de Europa. El
producto está hecho segundo a segundo para
lavar la imagen de Macca. Para hacerlo simpático
y encantador.
El show en la Plaza Roja es particularmente irritante
porque está relatado como una especie de documental
histórico-musical, en que se mezclan las canciones
del show con un relato de cómo Rusia escuchaba
a los Beatles en forma semi-clandestina con testimonios
bastante inflados y repetitivos sobre cómo
"Paul McCartney y Los Beatles" cambiaron
también la historia de la Unión Soviética
y lideraron la revolución cultural de los 60
incluso allí.
Varios escritores, intelectuales y fanáticos
muestran sus reliquias beatlescas y Paul comenta -una
y otra vez- lo encantado que está de visitar
Rusia. Que la gente de Rusia siempre le ha parecido
tan cálida (antes había dicho que había
conocido a un ruso o dos en su vida) y que si tuviera
un hijo le pondría Rusia. También tenemos
a Paul visitando a la
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Fundación
de los Niños Pobres, departiendo con Vladimir
Putin (invitado de primera fila en el show), asistiendo
al Kremlin, pedaleando por la Plaza Roja, viajando en
su avión privado, etc, etc; en un montaje histérico
que nunca deja un plano más de cinco segundos
en pantalla por ¡Dos horas y cuarenta!
Todo en este disco está hecho
para que el concierto mismo quede en un tercer plano,
después de las ínfulas históricas
y las payasadas no tan divertidas de nuestro protagonista.
Por eso el show de San Petersburgo es mucho mejor, pues
no tiene esos trozos semidocumentales entre las canciones
y el concierto corre entero y se deja ver como lo que
es: un show increíble, gigantesco, de buenas
canciones interpretadas lo mejor que se puede when you're
sixty four.
Y aquí la cosa mejora, en el tracklist, con
canciones clásicas como "Live and let Die",
"The Fool on the Hill", "Hey Jude"
y por supuesto "Back in the USSR", dos veces.
Las sorpresas vienen con "Getting Better",
"Shes Leaving Home", "Calico Skies"
y "I've Got a Feeling", rara vez interpretadas
anteriormente.
Humildemente, me parece que la realización y
el sonido son impecables, pero el producto completo
está bueno sólo para fanáticos
de más de cuarenta años que se van a sentir
tocados con esta revisión histórica y
todavía le compran a Paul su discurso de "yo
no fui, por favor quiéranme".
Y yo amo a los Beatles, no se confundan.
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