Sesenta y seis años de edad tenía Francis
Albert Sinatra cuando se grabó este evento televisivo,
en 1981. Tras suyo había una trayectoria intachable,
tanto en la música como en el cine, y comenzaba una
época de madurez contemplativa.
Caso similar era el de Count Basie, uno de los más
grandes directores de orquesta de la época del swing.
Claro, el hombre nacido en Red Bank, New Jersey, era mayor
(contaba con 77 años) que "La Voz", y estaba
(aunque, obvio, no lo sabía) a tres años de
su muerte.
Aquel año mítico del Mundial de Fútbol
en nuestro país, 1962, ambos artistas se unieron
por primera vez, en un disco memorable, "Sinatra-Basie".
Y esa es la experiencia que repiten en este DVD, eso sí,
con un repertorio totalmente distinto, integrado por las
más grandes canciones grabadas por Sinatra.
En tono solemne y un escenario a la altura, el bueno de
Frank hace su aparición tras una imagen de sí
mismo, para entonar "Nice 'n easy". Es uno de
los pocos temas al que no hace introducción. Se trata,
en todo caso, de una composición del trío
Spence/Keith/Bergman, que da un buen y rítmico pie
para lo que viene.
En un comienzo, Sinatra se pasea en una plataforma sobre
la orquesta, en una disposición al estilo de nuestro
nunca bien ponderado Festival de Viña. Esa escenografía
se repite en la despedida, con "Thanks for the memory".
La idea es que en los momentos cúlmines el protagonista
sea realmente quien tiene que ser.
Con "The one i love belongs to somebody else"
("Quien amo pertenece a alguien más"),
escrito por la dupla Jones/ Kahn y arreglado por Sy Oliver,
nos damos cuenta de que Sinatra hace un elegante homenaje
a los compositores que le dieron vida a su carrera. Ante
cada canción, Frank se da el tiempo de recordar a
sus gestores y dedicar alguna palabra de cariño al
tema mismo.
Count Basie se sienta al piano en "Pennies from heaven",
una sutil balada escrita por Johnny Burke y Arthur Johnston
y areglada para la ocasión por Neal Heafti. Basie
y Sinatra poseen una complicidad envidiable, en el que se
adivina todo un lenguaje de gestos. "La voz" sale,
incluso, de su habitual compostura, siguiendo el envolvente
ritmo.
Gordon Jenkins, quien ganara un Grammy en 1967 por el álbum
de Sinatra "September of My Years" es el siguiente
homenajeado, con su tema "I loved her", una exquisitez
hecha a la medida de una laringe soberbia, versátil,
inmutable (repito: ¡66 años!)
Un momento especialmente cercano es el recuerdo al "maestro"
del bossa, Antonio Carlos "Tom" Jobim, a través
de su más que archiconocida "The Girl from Ipanema".
La orquesta se reduce aquí a quinteto, encabezado
por Sinatra y la guitarra de Tony Mottola (no confundir,
por favor, con el multimillonario esposo de Thalía,
Tommy), y secundado por contrabajo, órgano Hammond
y batería.
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Soberbia versión que deja con gusto a poco y nos pone
de cabeza a buscar ese impresionante disco: "Francis
Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim", de 1967.
Las delicadas manos de Mottola sacan todo el calor de una
guitarra, y el que merece una canción con tanta historia.
"At long last love",
vuelve a la disposición de "The one i love...",
en un tema del tremendo y prolífico Cole Porter y arreglos,
otra vez, de Neal Heafti. El octavo surco es, ni más
ni menos, que "Something", del fallecido George
Harrison, e incluido en "Abbey Road" de The Beatles.
Los arreglos corren por cuenta de Nelson Riddle, para una
versión demasiado interesante, por los giros vocales
de Frank, siempre en beneficio de la musicalidad del tema.
El escenario que lo acompaña esta vez es una escalera
llena de violines. Claro, "La voz" aclara que ese
tema debió incluirse en su disco "Sinatra &
Strings".
"Monday morning quarterback" es un tema de Pamela
Phillips y arreglos de Gordon Jenkins y "The best is
yet to come" es uno de Basie con arreglos de Quincy Jones
(sí, el mismo).
Don Costa aparece en los créditos como el arreglador
musical general, pero pone su nombre a dos de los temas: "(We
had a) good thing going", compuesto por Stephen Sondheim
y "Say Hello", con melodía de Dick Burkee
y letra de Sammy Conti. En este último, Sinatra hace
gala de su sentimiento al cantar el swing, sus frases intermedias,
su dominio de la situación.
Por supuesto, en una elección de este tipo no puede
faltar el tema que llevó su fama a límites ultraplanetarios
(él mismo lo reconoce): "New York, New York",
una canción de Fred Ebb-John Kender. Se juega la vida
en esta interpretación, con arreglos notoriamente distintos
a la original. Vale ponerle atención sólo por
eso.
"Thanks for the memory" cierra el show, y Sinatra
la dedica a la cámara, allí donde está
su público, el que lo hizo su favorito durante todo
el siglo pasado. Lamentablemente, en el estudio no hay público,
y con eso se pierde bastante en calidez, en emoción,
en "vibras". Por el contrario, se gana en intimidad,
en perfección, en "documentalidad".
Seguramente habrá quienes detesten la idea de tocar
para nadie, pero si aprecian este DVD, quizá cambie
su percepción. De todas maneras, se echan de menos
algo de bonos (están sólo los subtítulos
en inglés). Pudo haberse hurgado en la parte documental,
entrevistando a algunos músicos que tocaron en esa
ocasión, al director de televisión, en fin...Se
optó por la simpleza, y no se les puede culpar por
aquello.
Por Rodrigo Toledo
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