Como digo en mi clase, se puede hacer
un videoclip a partir de cualquier cosa: la narrativa
y la lógica son sólo algunos (los más
aburridos) de los infinitos recursos explotables a
la hora de llenar la pantalla con música, que
es algo no tan fácil, y al final, no tan importante
tampoco. En la magnífica colección de
videoclips Best of David Bowie, ésta premisa
queda más que demostrada.
Se trata de un DVD doble cronológicamente
ordenado, y absolutamente indispensable para los fanáticos
del duque blanco; tal vez la antología más
completa sobre cualquier artista hasta la fecha. El
recorrido abarca casi todos los cambios que Bowie
ha experimentado en su música y sus propuestas
visuales, desde el andrógeno rebelde glam de
los '70s, pasando por el no-tan-inspirado adulto new
wave de los '80s, hasta su más reciente encarnación
en el postmoderno y glacial ironista de los '90s.
Pero lo más destacable del set -para mi gusto-
desborda la obra de Bowie como músico y radica
en el valor documental de esta colección de
obras de diversos directores (Floria Sigismondi, Sam
Bayer, Mark Romanek, Gus Van Sant, y muchos más)
que constituye una amplísima radiografía
de este bastardo lenguaje que es el videoclip, hijo
ilegítimo del marketing y primo pobre de las
artes plásticas (más pobre en este lado
del mundo, incluso).
Aqui hay tres décadas clave en la historia
de la música popular, justo donde el videoclip
como propuesta audiovisual se va escapando poco a
poco de la volada de un director de programas de música
en la tele (hay varios ejemplos: "Starman",
"Queen Bitch", "Rebel, Rebel",
etc.) y crece con sus propias características,
códigos y gratuidades, hasta graduarse en lo
que hoy damos tan por sentado y que existe, entre
otros, gracias al esfuerzo de Mr. Bowie y sus colaboradores.
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Difícil dilucidar qué
es lo mejor de esta masiva colección, pero permítanme
recomendarles con vehemencia el visionado del simple
y puro "Be My Wife" (el verdadero Duque Blanco!),
"Ashes to Ashes" (con el payaso más
lisérgico imaginable), "Life on Mars?"
(de aplastante sencillez y al mismo tiempo desborde
de glam), y de factura más reciente, el inquietante
"Thursday Child", y el ya clásicamente
espantoso "Little Wonder", un ídem
de video.
La presentación, el sonido y los menús
son excelentes. Y ojo con los "huevos de pascua"
-easter eggs-, bonos ocultos en los discos que hay que
saber decodificar (hay toda una guía para acceder
a estas rarezas en www.bowiewonderworld.com/features/eastereggs.htm).
A pesar de la gran cantidad de videos del set, se echan
de menos los clips de "Changes", "Under
Pressure," y "Sound and Vision", pero
con las 4 horas y 12 minutos que contiene, hay entretención
para rato. Muuuuy recomendable.
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